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Un trabajador en una fábrica.
Los jóvenes rumanos vuelven a casa, pero los jubilados se quedan en España: aumentan un 80 % en cinco años
La población ruman en nuestro país ha caído considerablemente en los últimos doce años, especialmente entre los jóvenes menores de 30
El desplome de los regímenes totalitarios del Este de Europa en los años noventa y la apertura de fronteras provocó la salida masiva de emigrantes rumanos hacia Occidente en un flujo que se intensificó en el año 2002 con la entrada en vigor de la libre circulación de estos ciudadanos en el espacio Schengen. España, precisamente, fue uno de los destinos favoritos hasta el punto de convertirse en el colectivo de extranjeros más numeroso de nuestro país. Pero esto está cambiando y los rumanos están volviendo, dejando un importante vacío en el mercado laboral de personal cualificado.
Atraídos por el efecto llamada, miles de rumanos llegaron a un España en expansión necesitada de mano de obra cualificada. Entre los años 2002 y 2012, llegaron a nuestro país cerca de un millón de personas por delante de los marroquíes, el grupo de extranjeros más numeroso hasta entonces. Gracias a su facilidad para el idioma –el rumano es, como el español, una lengua romance– y su experiencia en sectores como la construcción y la agricultura, los rumanos encontraron rápido acomodo en España.
Esta tendencia, sin embargo, ha cambiado en los últimos años. Aunque la crisis financiera no redujo inicialmente el flujo migratorio, el número de rumanos en nuestro país se ha ido reduciendo considerablemente desde 2013 hasta algo más de 600.000 personas y ya es el segundo colectivo extranjero tras los marroquíes, con casi 900.000 personas.
Munteanu se refiere a la petición del Gobierno en julio de 2011 –se aprobaría un mes después– de suspender temporalmente la aplicación de ciertos artículos del reglamento de la Unión Europea relativos a la libre circulación de trabajadores rumanos en España. El Ejecutivo decidió introducir restricciones de acceso al mercado laboral para este colectivo «haciendo referencia a una perturbación grave del mercado laboral español».
«España también justifica su solicitud con los siguientes elementos: la disminución de la tasa de empleo de los nacionales rumanos en España; el constante incremento del desempleo, y el gran aumento del número de nacionales rumanos residentes en España que se ha producido a pesar de la evolución negativa del mercado laboral español y que ha afectado a la capacidad de dicho país para absorber nuevas llegadas de trabajadores», señalaba la Comisión Europea en la autorización para aplicar las restricciones. Alianza de civilizaciones en estado puro.
Paradójicamente, y aunque el número de rumanos ha caído considerablemente en los últimos años, no lo ha hecho así en afiliados de esta nacionalidad a la Seguridad Social que solo se ha visto moderado en los últimos años por la pandemia. Al respecto tiene mucho que ver la regularización de buena parte de trabajadores que trabajaban sin contrato, especialmente empleadas del hogar.
«Ahora los rumanos son más conscientes con los temas de protección social, jubilación, paro, servicios de salud. Antes muchos preferían trabajar en B, pero ahora todos prefieren contratos», comenta Munteanu, cuya asociación organiza muchas jornadas informativas para explicar la importancia de estar dado de alta.
Carlos Bravo, secretario de Políticas Públicas y Protección Social de CCOO coincide en que «cuando hay campañas de información y divulgación sobre la importancia de estar dado de alta, se producen repuntes en la afiliación. Pero cuando no hay actividad, hay una tendencia descendente y eso es economía sumergida».
Cambio de perfil
También se observa un cambio de perfiles dentro de la población rumana con una tendencia hacia el envejecimiento. En 2008, año previo de la crisis financiera, el número de menores de 30 años suponía más del 50 % del total, porcentaje que se ha reducido al 33 % quince años después. Por el contrario, el número de mayores de 45 se ha disparado, especialmente a partir de 65, cuya presencia era testimonial y ahora supone el 3,4 % del total. En solo apenas cinco años, el total de rumanos mayores de 65 años ha crecido un 80 %.
En este sentido, hay muchos factores que intervienen. Por un lado, los rumanos se están quedando en España tras la jubilación, donde las coberturas sanitarias son mejores que en su país o, como hacen muchos, pasan temporadas en ambos países. No obstante, Munteanu advierte que «la avalancha» de jubilados «todavía está por llegar».
Por otro lado, Rumanía ha experimentado en los últimos años un crecimiento exponencial con un PIB per cápita que se sitúa en el rango del 70-80 % de la media de la Unión Europea. Esta mejora económica ha animado a muchos jóvenes rumanos, en su mayoría muy cualificados, a emprender el viaje de vuelta que hicieron sus padres hacia un país con una normativa y fiscalidad más amable que el nuestro.
«Allí la fiscalidad es mejor que en España», señala Munteanu. «Hay oportunidades en el tema de la energía solar, con fondos que se aplican bien, y también hace falta mano de obra cualificada para la construcción, la agricultura y servicios de informática. Rumanía es un país para hacer negocio ahora», concluye.