Castillo de Marchenilla, escenario de la película 'El Cautivo'
Sevilla
Breve historia del castillo sevillano que Amenábar lleva al cine para narrar el cautiverio de Cervantes
El decorado de cine que hoy ofrece el Castillo de Marchenilla tiene una historia que se remonta al siglo XIII
Sobre el escarpe de los Alcores, a unos cinco kilómetros de Alcalá de Guadaíra, se alza el Castillo de Marchenilla. El campo rodea esta fortaleza de época andalusí que ha vuelto al foco cultural gracias a El Cautivo, la nueva película de Alejandro Amenábar, que narra el cautiverio de Miguel de Cervantes en Argel con detalles, por cierto, que se alejan de la realidad histórica, como la homosexualidad del dramaturgo.
El decorado de cine que hoy ofrece el Castillo de Marchenilla tiene una historia que se remonta al siglo XIII, cuando las incursiones de los benimerines, un pueblo bereber del norte de África, motivaron la construcción de una fortificación para defender la recién reconquistada Sevilla. En 1253, Alfonso X el Sabio otorgó el dominio a Rodrigo Álvarez, consolidando su papel estratégico en la defensa de la ciudad.
Durante la Baja Edad Media, la fortaleza formó parte del señorío de Gandul y Marchenilla, concedido en 1639 a Arnao de Solier, mercenario aliado de Enrique II en la guerra civil contra Pedro I. Más adelante, a finales del siglo XIV, el dominio pasó a manos de la familia Velasco, que amplió el castillo y lo embelleció con decoraciones tardogóticas, algo inusual en la arquitectura militar sevillana de la época.
A lo largo de los siglos, el castillo ha experimentado diversas transformaciones. En el siglo XVII se construyó la capilla de San Isidro Labrador, que conserva una valiosa pintura de la Virgen de Guadalupe, y durante el siglo XIX se amplió el recinto con un patio cortijado en la zona este, adaptando la fortaleza a las necesidades residenciales y agrícolas de la época, sin que ello comprometiera su esencia histórica.
La planta del castillo es casi cuadrada, con torreones en las esquinas y garitones centrales en cada lienzo. Su torre del homenaje, de planta rectangular y 27 metros de altura, destaca por su imponente presencia. Construida en hormigón reforzado con sillares y ladrillos, alberga en su interior salas con bóvedas de crucería que evidencian la influencia del estilo gótico en su diseño, un detalle que lo diferencia de otras fortificaciones andaluzas.
Ecos de un pasado nobiliario
Más allá de su valor arquitectónico, el Castillo de Marchenilla ha sido testigo de importantes episodios históricos. La zona que lo rodea fue escenario en 1477 de la famosa batalla entre las familias Ponce de León y Guzmán, dos linajes nobiliarios que marcaron el destino de Alcalá de Guadaíra.
Además, los hallazgos arqueológicos en sus inmediaciones, que van desde asentamientos del Calcolítico hasta construcciones romanas, ponen de manifiesto la larga ocupación humana y la relevancia estratégica del lugar a lo largo de los siglos.
Hoy, el Castillo de Marchenilla conserva la esencia de un cortijo sevillano con su torre y murallas, aunque algunas construcciones agrícolas han alterado parcialmente su exterior. Aun así, la fortaleza sigue siendo un testimonio del pasado medieval y renacentista de Alcalá de Guadaíra, ofreciendo a historiadores, visitantes y cineastas un espacio donde la historia y la arquitectura se encuentran.