Borja García Cosío, Jefe de Neumología del hospital de referencia de Baleares
Salud
¿Es usted asmático grave? Un médico de Mallorca da con la clave para acertar con el tratamiento
Hasta hace no tanto, el asma grave era una condena. Pacientes que vivían encadenados a crisis constantes, ingresos hospitalarios y dosis elevadas de corticoides. Medicación que, con el tiempo, acaba pasando factura en forma de diabetes, osteoporosis, efectos secundarios que se suman al propio ahogo de la enfermedad.
Hoy, el panorama ha cambiado. Los tratamientos biológicos han supuesto una revolución para quienes no responden a los inhaladores convencionales. Pero esa revolución tiene un problema: no funciona igual para todos. Cerca de un tercio de los pacientes —entre el 30 y el 35 %— no mejora con estos fármacos. Y no son, precisamente, baratos. El tratamiento por paciente ronda los 12.000 euros al año.
Así pues, la cuestión -por eficiencia y rentabilidad- es saber de antemano quién se beneficiará realmente. Quién es un paciente diana de estos tratamientos, y quién no. En Mallorca, el Hospital Universitario Son Espases cree haber encontrado la respuesta.
El Servicio de Neumología, dirigido por el doctor Borja García-Cosío, acaba de situarse en el centro de la investigación internacional tras lograr que la prestigiosa revista estadounidense CHEST —una de las más influyentes del mundo en enfermedades respiratorias— reconozca su último trabajo como el artículo de mayor impacto del año 2025 en el ámbito del asma.
El estudio, titulado The role of bronchial biopsy in the prediction of response to biologic therapy in severe uncontrolled asthma, no sólo ha sido premiado en los Premios de Investigación de Son Espases sino que ahora se consolida como referencia mundial en el tratamiento del asma grave.
El especialista en su despacho
Medicina de precisión para el asma grave
Los fármacos biológicos son, en palabras sencillas, lo contrario a la cortisona. Mientras los corticoides actúan como un «cañonazo» general, estos tratamientos funcionan como una bala dirigida que ataca una proteína concreta implicada en la inflamación que desata el asma.
El problema es que, hasta ahora, la selección de pacientes se hacía con criterios poco finos. «Llevamos años basándonos sobre todo en análisis de sangre», explica García-Cosío a El Debate. «Pero eso no siempre refleja lo que ocurre realmente dentro del bronquio».
Ahí entra la clave del estudio: la biopsia bronquial.
Un pellizco que cambia el pronóstico
La biopsia se obtiene mediante broncoscopia, un procedimiento con sedación ligera en el que se toma una pequeña muestra del tejido bronquial con una pinza milimétrica.
En 2023, el equipo de Son Espases ya demostró que el procedimiento era seguro y útil, además de permitir descartar infecciones u otras causas. Ahora han dado un paso más: comprobar que esa muestra sirve para anticipar el éxito del tratamiento.
El punto está en los eosinófilos, un tipo de glóbulo blanco que suelen medirse en sangre. El estudio demuestra que medirlos directamente en el tejido bronquial mejora claramente la capacidad de predicción. Así pues, con con análisis de sangre, la tasa ronda el 70 por ciento mientras que con la biopsia bronquial, se supera el 80.
La cuestión no es solo clínica. Es también económica. El tratamiento biológico puede costar alrededor de 1.000 euros al mes por paciente, entre 10.000 y 12.000 euros al año. Un gasto enorme si no se acierta. «Si el tratamiento no funciona, no sólo es ineficaz clínicamente sino que supone dinero público mal empleado», subraya el jefe de Neumología. «Y el sistema público sanitario ha de ser solvente y eficiente para, precisamente, dar la mejor respuesta siempre. A cada uno la suya».
En Baleares, cada caso de asma grave se discute en un comité autonómico que dirige el propio García-Cosío con el fin de ajustar al máximo estas decisiones.
Cuando la vida vuelve
Detrás de los datos hay historias. Pacientes que antes vivían en urgencias, para quienes un simple resfriado significaba una crisis y un ingreso. Personas con una vida limitada por el miedo a ahogarse.
«Una de mis primeras pacientes, una señora de Inca, ingresaba constantemente», recuerda el neumólogo. «Tras el tratamiento, pudo hacer el Lluc a Peu».
Ese es el objetivo final: menos crisis, mejor capacidad pulmonar, recuperar la vida.