El Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera acoge 26 ánforas recuperadas por un barco en el sur de las Pitiusas

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05/9/2026

El Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera acoge 26 ánforas recuperadasCAIB

Cultura

Un cargamento romano emerge de 1.400 metros bajo el mar al sur de Formentera

Un barco que participaba en una campaña de investigación pesquera recupera por casualidad unas 26 ánforas de aceite y 17 cajas de fragmentos cerámicos. Las piezas, con numerosos sellos y marcas de época romana, se conservan ya en el Museo Arqueológico de Eivissa y Formentera

No estaban buscando restos romanos. El Miguel Oliver trabajaba esta semana al sur de Formentera, en uno de los lances de la campaña científica Medits, cuando desde 1.400 metros de profundidad salió a la superficie algo que nada tenía que ver con el objeto de la expedición: un conjunto de ánforas romanas que llevaba siglos en el fondo del Mediterráneo. Son aproximadamente 26 piezas, además de 17 cajas con material cerámico fragmentado. El cargamento se encuentra ya en el almacén arqueológico del Museo Arqueológico de Ibiza y Formentera (MAIF), donde ha comenzado un proceso bastante menos inmediato que su hallazgo, como es el de retirar la sal acumulada, estabilizar cada pieza y averiguar qué información conserva después de tanto tiempo bajo el agua.

Hay, de entrada, un dato que interesa especialmente a los arqueólogos. Las ánforas pertenecen en su mayoría al tipo conocido como Dressel 20, grandes recipientes romanos utilizados para transportar aceite. No son piezas extrañas en el registro arqueológico, pero las recuperadas frente a Formentera presentan multitud de sellos y marcas. Esas inscripciones pueden aportar información cuando sean estudiadas con detalle.

Sorpresa a bordo

El hallazgo se produjo durante la campaña Medits, un programa internacional de investigación oceanográfica y pesquera que estudia el estado de los recursos y los ecosistemas del Mediterráneo. En España participan en su coordinación el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

La aparición de las ánforas abrió, además, una cuestión administrativa que hubo que resolver antes de moverlas. Desde que se comunicó el descubrimiento, personal de la Comunidad Autónoma de Baleares trabajó para determinar en qué aguas se había producido exactamente. La profundidad y la localización del hallazgo obligaban a aclarar primero quién tenía competencia sobre esos restos.

Finalmente se estableció que se encontraban en aguas de titularidad estatal. A partir de ahí, el Govern balear movilizó al equipo del MAEF y facilitó los medios para trasladar las piezas hasta el museo. La operación recibió la autorización del Servicio de Patrimonio Subacuático del Ministerio de Cultura, responsable en este caso por la naturaleza de los objetos y las circunstancias en las que habían aparecido.

La legislación sobre patrimonio establece que los bienes arqueológicos encontrados de manera casual deben depositarse cuanto antes en el museo más próximo. El Ministerio ha autorizado por ahora su depósito temporal en el MAIF, el ibicenco, que deberá inventariar todo lo recuperado y determinar su estado de conservación.

El tratamiento del tesoro

Antes de llegar al museo hubo, sin embargo, que resolver un problema mucho más elemental: impedir que las ánforas se secaran. La cerámica que ha permanecido durante siglos sumergida no puede tratarse como una pieza que acaba de salir de tierra. El cambio brusco de condiciones puede comprometer su conservación. La tripulación del Miguel Oliver mantuvo las ánforas permanentemente hidratadas mediante una manguera, una medida que, según la Conselleria de Turismo, Cultura y Deportes, ha permitido que un material arqueológico especialmente sensible llegue en un estado estable.

Ya en el almacén del MAIF, las piezas han pasado de la cubierta del barco a depósitos de agua preparados para iniciar su desalación. El trabajo se realiza una a una. Primero hay que eliminar progresivamente las sales y estabilizar la cerámica; después podrán abordarse su restauración y consolidación definitivas.

Encontrar ánforas en el mar que rodea las Pitiusas no es, por sí mismo, excepcional. En los últimos años se han sucedido los hallazgos de este tipo, particularmente en aguas de Formentera. Lo poco habitual esta vez está en las circunstancias concretas: el número de piezas recuperadas, su estado de conservación, la abundancia de sellos y marcas y, sobre todo, la profundidad de la que proceden.

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