Imagen de archivo de Cala de la Foradada, en Vinaroz, Castellón
El secreto mejor guardado de Castellón: una cala de aguas cristalinas para hacer snorkel con «una ventana al mar»
Este rincón al norte de la Comunidad Valenciana guarda un paraje natural perfecto para el verano sin las aglomeraciones turísticas de otras zonas del Mediterráneo
En el litoral norte de la Comunidad Valenciana, escondida en la costa de Vinaroz, se encuentra una joya costera que escapa a los circuitos turísticos más concurridos: la Cala de la Foradada. Esta pequeña formación representa a la perfección ese otro turismo que ofrece la provincia de Castellón, discreto, sereno y con paisajes sorprendentes que nada tienen que envidiar a los rincones más populares de la costa mediterránea. Mientras que playas de Alicante o Valencia atraen a miles de visitantes cada verano, aquí aún es posible extender la toalla sin prisas y sumergirse en aguas cristalinas sin agobios.
La Cala de la Foradada debe su nombre a una curiosa formación rocosa que la hace única. Se trata de una gran roca perforada de manera natural por la erosión, creando un arco o «ventana» que enmarca el horizonte marino con una estética que ha conquistado a fotógrafos y visitantes. Ese detalle geológico se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles de la costa de Vinaroz. El agua, limpia y transparente, deja entrever un fondo marino rocoso que resulta ideal para los amantes del snorkel, con bancos de peces y pequeñas especies marinas que se mueven entre las piedras.
Imagen de archivo de Cala de la Foradada, en Vinaroz, Castellón
A pesar de su pequeño tamaño, la cala es de fácil acceso. Desde el camino litoral hay unas escaleras que descienden directamente al agua, y además se encuentra cerca de una parada de autobús, lo que permite llegar sin necesidad de coche. No cuenta con chiringuitos ni infraestructuras permanentes, lo que mantiene su esencia natural e invita a una experiencia más tranquila. En los meses de verano, sobre todo los fines de semana, puede llenarse con facilidad, por lo que se recomienda ir temprano para disfrutar del entorno con más calma.
El municipio de Vinaroz, donde se encuentra esta cala, es el último gran núcleo urbano de la costa castellonense antes de llegar a Cataluña. Con una tradición marinera muy arraigada, su paseo marítimo, su lonja y su puerto aún conservan ese aire genuino de pueblo costero. Además de las playas urbanas, la localidad cuenta con un entramado de calas accesibles por un sendero costero que permite explorar tranquilamente el litoral, a pie o en bicicleta.
Además de la popular Cala Foradada, en la costa norte de Vinaroz existen otras opciones de baño igualmente encantadoras como la Cala del Pinar o la Cala de les Timbes, que ofrecen paisajes de grava y roca y aguas cristalinas ideales para practicar snorkel. Destaca también la Cala del Llanetes, rodeada de acantilados rojizos y vegetación típica mediterránea, que convierte el entorno en un lugar muy sugerente para contemplar el paisaje marino. Esta cala, íntima y relajada, es especialmente buena opción para quienes buscan un entorno más natural y menos concurrido al sur del río Sénia y cuenta además con la ventaja de ser apta para perros, lo que la hace muy apreciada por los visitantes con mascotas.
Imagen de archivo de la playa que da acceso a Cala de la Foradada, en Vinaroz, Castellón
También vale la pena mencionar, entre las playas urbanas de fácil acceso y servicios completos, la Playa de Fortí y la Playa de Fora Forat. La primera, con más de 700 m de arena fina y aguas limpias, reabierta recientemente tras una alerta por hidrocarburos y hoy nuevamente operativa y segura. La segunda, muy cercana al centro, presenta arena dorada, palmeras, paseo marítimo y equipamientos que la hacen perfecta para quienes prefieren instalaciones y comodidad junto al mar.
La ciudad ofrece también un atractivo centro histórico con iglesias, plazas y un mercado central que refleja la vitalidad local. Uno de sus grandes reclamos gastronómicos es el langostino, célebre en toda España por su sabor y calidad, protagonista de recetas tradicionales y jornadas gastronómicas durante todo el año. Además, su oferta se complementa con cocina mediterránea a base de arroces, pescados frescos y productos de la huerta.
Quienes visiten la zona pueden ampliar su recorrido explorando pueblos vecinos como Benicarló o Peñíscola. Este último, con su castillo templario sobre el mar, es uno de los enclaves turísticos más icónicos del Mediterráneo español. Pero si lo que se busca es huir del bullicio, volver a la calma y conectar con la naturaleza, Cala Foradada es una parada obligada: una ventana natural al Mediterráneo que guarda el encanto secreto de Castellón.