
El Papa con una joven, en su encuentro de este miércoles con las víctimas del oriente del país
Una vida de viajes entre los pobres: de Lampedusa a Sudán en busca de la paz
El Santo Padre ha recorrido 53 países en un total de 37 viajes alrededor de cuatro de los cinco continentes
«No te olvides de los pobres», le dijo al oído el cardenal Claudio Hummes a un recién elegido Papa Francisco. El rumor de esa sencilla frase caló en el Pontífice que con el paso de los diez años que ha pasado como cabeza de la Santa Sede ha viajado en 41 ocasiones a un total de 59 países en los que ha clamado por la paz, la justicia, la solidaridad, la pobreza, la emigración, el medio ambiente y la guerra.
Lampedusa, verano 2013. El Santo Padre hace las maletas y se embarca en su primer viaje como obispo de Roma. La prensa italiana publicaba entonces imágenes de naufragios y migrantes cruzando el Mediterráneo, que trataban de salvar su vida y luchar por un futuro para sus familias agarrados a redes de pescar. Ello, unido a la carta de un párroco local en la que le relataba el sufrimiento de todas las personas que habían llegado a Lampedusa en los últimos años, conmocionó al recién elegido Papa.
Fue en la pequeña isla frente a la que tantas vidas se han perdido donde Francisco denunció por primera vez la «globalización de la indiferencia». Aquí es donde comienza también la película In viaggio, viajando con el Papa Francisco, dirigida por Gianfranco Rosi, que recoge las mejores imágenes y discursos del Santo Padre alrededor de cuatro de los cinco continentes a los que ha peregrinado –Oceanía es el único que le ha faltado–.
Desde entonces, el acto de mirar para otro lado ante las tragedias del mundo y las injusticias es algo contra lo que ha seguido luchando y que ha incluido en sus palabras tanto dentro como fuera de casa. Sus pies le han llevado por ello a los lugares donde más necesaria era la esperanza y la voz de Dios.
El Papa Francisco, durante su viaje en Filipinas en 2015
Los migrantes, los sufrientes, los más desfavorecidos y vulnerables han sido protagonistas de sus viajes. Aunque el Papa Francisco también asistió a grandes e importantes conferencias mundiales, como el Encuentro Interreligioso que se celebró en Emiratos Árabes Unidos en 2019 –donde firmó el documento sobre la fraternidad humana por la paz junto al Gran Imán de al-Azhar, Ahmed el-Tayeb– o si visita al Parlamento Europeo de Estrasburgo en 2014, el Santo Padre supo sacar un hueco en sus apretados programas de visitas apostólicas para abrazar y consolar a todo el que llora.
En Tailandia (2019), clamó por la protección de las mujeres y los niños ante la explotación, los abusos y la esclavitud. En Grecia (2021), por la situación de los campos de refugiados, al igual que en Malta (2022). En México (2016), por las desigualdades de las fronteras. En Kenia, República Centroafricana y Uganda (2015), por la lucha contra las injusticias. Ante estadios o descampados colmados de gente que acudían a verle, el Pontífice siempre ha dejado claro cuánto le dolían los males que azotan al hombre. Si quedaba la duda de si eran solo palabras fáciles de arrastrar por el viento, ante la Inmaculada Concepción en la romana Plaza de España las lágrimas corrieron por su rostro al elevar su oración por el pueblo ucraniano.

Francisco, rezando ante el Muro de las Lamentaciones en el año 2014
Tres han sido las Jornadas Mundiales de la Juventud a las que el Santo Padre ha acudido a conocer, escuchar y aprender de los jóvenes de Brasil (2013), Polonia (2016) y Panamá (2019). Tendrían que haber sido cuatro –Portugal en 2022–, pero esta última JMJ fue pospuesta a agosto de 2023 por la pandemia, al igual que el Encuentro Mundial de las Familias de Roma de 2021. Estas jornadas le han convocado en otras dos ocasiones: Estados Unidos (2015) e Irlanda (2018).
La reconciliación y el diálogo han sido piezas centrales en sus discursos y en sus acciones. Ambas han sido motivo, objetivo y fin en distintas giras por el mundo de Francisco, como en Cuba y Estados Unidos (2015), en Tierra Santa (2014), Corea del Sur (2014), los países caucásicos –Armenia, Georgia y Azerbaiyán (2016)–, Bangladesh y Myanmar (2017) o Sudán del Sur (2023). En todos ellos movió una ficha clave en el juego diplomático al proponer que los países implicados dejasen atrás sus diferencias y emprendieran un camino común. El efecto de su presencia ha sido visible. En uno de sus últimos viajes, el presidente de Sudán del Sur comunicó ante Francisco que levantaría el bloqueo y se sentaría a negociar un acuerdo de paz con los grupos de la oposición.

El Papa Francisco abrazando a un preso en una cárcel en México (2016)
Solo algunos afortunados han sido doblemente bendecidos con una visita del Papa Francisco, aunque Italia es sin duda el país que más ha recorrido –en 31 ocasiones se ha movido por distintas ciudades de la nación vecina al Vaticano–. Solo a Grecia ha acudido en dos ocasiones, ambas a visitar campos de refugiados. En 2016, se llevó con él a Roma a tres parejas con hijos, que fueron acogidos por la Comunidad de San Egidio.
Este 2023, en la agenda del obispo de Roma hubo apuntados dos desplazamientos. Hungría y Portugal han sido los elegidos, que se suman así a Grecia en la lista de privilegiados visitados en dos ocasiones por Francisco. «Sueña con un mundo que todavía no ves, pero que sin duda llegará», dijo Bergoglio en uno de sus muchos discursos sobre la esperanza y en sus diez años y tantos viajes eso mismo es lo que ha estado haciendo.
A esta corta lista de destinos repetidos se unió en 2024, Francia. Si en 2023 se desplazó hasta Marsella para denunciar que el Mediterráneo se había convertido en un cementerio, el siguiente año, lo haría también en Córcega. Tras once años de pontificado, a Francisco le llegó su periplo más largo como Papa: dos continentes y cuatro países en 12 días. El 2 de septiembre de partió hacia Yakarta (Indonesia), para luego hacer escala también en Papúa Nueva Guinea, Timor Oriental y Singapur, antes de volver a Roma. A su vuelta, contó a los fieles de la plaza de san Pedro que allí vio la «belleza de una Iglesia misionera», allí donde los católicos son apenas una minoría.