Maqueta de la fortaleza de la Ciudadela de Barcelona
Historia
Otro gazapo de los historiadores nacionalistas: la economía catalana no se desplomó después de 1714
El efecto de los Decretos de Nueva Planta no fue ninguna hecatombe
Uno de los relatos habituales entre los historiadores nacionalistas es que la capitulación de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 y la instauración de los Decretos de Nueva Planta supusieron un gran perjuicio económico para Cataluña, pero lo cierto es que no fue así: el desarrollo económico, político y social continuó al mismo ritmo con los Borbones que con los Austrias. Sin embargo, sí cabe preguntarse: ¿qué consecuencias económicas tuvo la guerra de Sucesión?.
Una de las primeras acciones que llevó a término el nuevo estatus político, al finalizar la guerra de sucesión, fue construir la Ciudadela, con la intención de mejorar aquella plaza militar para controlar la ciudad. Recordemos que era una plaza rebelde por no aceptar la decisión testamentaria de Carlos II con respecto a Felipe V.
Era una parte de la ciudad, que se conocía como el barrio de la Ribera, que quedó muy dañada por la guerra. Ahí tuvieron lugar los últimos enfrentamientos en septiembre del 1714. Algunos de los vecinos decidieron reconstruir algunas casas, pero su trabajo fue estéril, porque la orden real era derribar una parte muy importante de aquel barrio.
Al suelo fueron a parar los conventos de Santa Clara, San Agustín y de los Clérigos menores; el Hospital de Santa Marta; la Iglesia de Santa Eulalia del Camp; la Capilla de Montserrat; la Cofradía y Capilla del Santo Espíritu; y mil casas vecinales. Todo este patrimonio urbano, la mitad en ruinas por la guerra, fue derribado para poder construir la Ciudadela.
Una red industrial
En el barrio de la Ribera había una importante red industrial. Y es lógico, pues se construyó alrededor del Rec Comtal, fuente natural de desarrollo industrial desde la Edad Media. Como consecuencia de la construcción de la Ciudadela desaparecieron hostales, tabernas, curtidores, cordeleros, carniceros, marineros, calafates, arrieros, revendedores de pesca salada, pescaderos, desolladores, comercios vinculados con el mercado del Born y trabajadores portuarios.
El barrio de la Ribera era un centro neurálgico de aquella Barcelona y parecía que, con su destrucción, la economía barcelonesa se hundiría. Algunos pretendieron crear nuevos barrios donde reubicar a todas aquellas personas que habían perdido su hogar. Se pensó en la zona de la playa o en el Raval. Nada de todo esto prosperó. ¿Por qué?
La estructura económica barcelonesa y catalana estaba muy bien organizada. Aquel contratiempo de la Ciudadela supuso un golpe, pero en poco tiempo fue absorbido por la propia sociedad catalana. ¿Cómo se estructuraba y funcionaba la organización económica barcelonesa y, en su defecto, la catalana?
Plano de Barcelona de 1806, con la Ciudadela integrada dentro de las murallas
Para poderlo entender debemos trasladarnos al periodo que comprende los años 1550 al 1640. Durante este tiempo la ciudad de Barcelona descentralizó el comercio y la industria, convirtiéndose Barcelona en un centro de recepción de mercancías y distribución de las mismas vía terrestre y marítima. Se puede asegurar que todas las poblaciones distantes, no más de 50 kilómetros de Barcelona, crecieron demográfica y económicamente.
Por otra parte, aquellas poblaciones más alejadas perdieron demografía y no evolucionaron económicamente en la misma proporción. Por poner ejemplos. Mientras crecieron Mataró, Sitges, Moià, Sabadell o Santpedor, decrecieron Puigcerdà, Banyoles, Roses, Lleida, Riudoms o Besalú. Hubo un caso específico que explicaremos más adelante que rompe esta norma.
Barcelona se convirtió en el centro donde se coordinaba la producción que se fabricaba en las otras poblaciones. Así, pueblos costeros como Arenys de Mar, Pineda de Mar, Mataró o Sitges se dedicaron al transporte de mercaderías a países de ultramar o del sur de la Península. En Mataró se fabricaba vidrio que luego se vendía a Castilla o al extranjero. La calidad del vidrio de Barcelona tenía la misma fama que el fabricado en Murano (Venecia).
Producción textil
En Vic y los dos Vallès se extendió la fabricación textil y sus derivados. Lo mismo ocurrió en Villafranca del Penedés, Igualada, Manresa, Terrassa, Sabadell, Olesa, Monistrol, entre otras, con el textil. Por su parte, y esta es la excepción que comentábamos anteriormente, toda la zona de Ripollés se especializó en la extracción del hierro y en la fabricación de llaves y armas de fuego.
Barcelona era el centro coordinador de la producción y, para que esto funcionara, se tuvo que estructurar una amplia red de transporte. Esto es, una línea de Ripoll a Barcelona, de Manresa a Barcelona, de los Valles a Barcelona… Con lo cual se articuló el territorio y no importaba dónde se produjera cualquier producto, en unas horas llegaba a Barcelona y, de ahí, se exportaba por tierra y por mar.
Por eso, cuando finalizó la guerra de sucesión, no fue demasiado traumática la recolocación de todas las personas que se habían quedado sin casa, trasladándose a todas estas poblaciones cercanas a Barcelona para poder continuar con sus oficios. Por eso fracasó construir en la playa barcelonesa o en el Raval. Estos nuevos barrios no formaban parte de la articulación económica territorial. Con lo cual prefirieron emigrar y crecer económicamente.
El final de la guerra de Sucesión no fue traumático para la economía no sólo en Barcelona, ni tampoco en Cataluña, porque llevaban más de un siglo implantando un sistema económico diferente y revolucionario. Cataluña, con Barcelona en su epicentro, funcionaba como una unidad. De ahí que la población afectada por la Ciudadela pudiera ir a vivir a otras poblaciones.