La catedrática Lola Josa, en una imagen de archivo

La catedrática Lola Josa, en una imagen de archivoCIAM

Entrevista

Lola Josa, catedrática de Literatura: «La poesía es el mejor lenguaje para hablar de lo espiritual»

Atiende a El Debate para hablar de su nuevo libro, 'La medida del mundo'

La filóloga y escritora Lola Josa es la actual catedrática de Literatura Española de los Siglos de Oro de la Universidad de Barcelona, y está especializada en la mística de san Juan de la Cruz, el teatro clásico y la relación entre el lenguaje poético y el musical de los siglos XVI y XVII.

Acaba de publicar en la Editorial Athenaica el libro La medida del mundo. Palabra y principio femeninos, que gira en torno a lo femenino en la Biblia, con especial énfasis en María, a la que llama por su nombre hebreo, Miriam. Josa atiende a El Debate para hablar sobre el misterio de la palabra.

— El título de su nuevo libro tiene mucha fuerza. ¿Con qué nos encontraremos?

— Con la palabra que es la medida del mundo. Es decir, de lo manifestado. De todo lo que nos rodea, de todo nuestro mundo, de nosotros mismos, de todo lo manifestado.

— ¿Hemos perdido la palabra?

— El poder de la palabra, el poder creador de la palabra, lo hemos perdido. Pero no literariamente hablando, sino en el sentido más despojado, a pie de calle, que es lo importante. Ahí la palabra ha perdido todo su poder.

— El hilo conductor del libro es la palabra «Míriam». ¿Qué diferencia encontramos en los textos oficiales y apócrifos?

— El poder de la palabra virginal es el eje del libro y en concreto la palabra del nombre de María, de Míriam en todo su recorrido bíblico, y lo que esta palabra es por sí misma, en una sucesión de letras que la conforman, y su significado desde el primer momento que aparece en la Biblia. Ese poder mariano es el eje del libro. Hablar del misterio mariano es hablar del poder de esa palabra y lo que conlleva. Ese es el misterio mariano que, además, se prolonga hasta los Evangelios.

— ¿Qué relación hay entre la palabra «Míriam» y el Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz, de la que eres experta?

— ¿Dónde está el poder mariano más evidente? ¿Dónde se percibe? Cristianamente, en los evangelios apócrifos. En el caso concreto de la Biblia hebraica, en la Torá, en los cinco primeros libros. Desde el principio el misterio mariano, dicho así en la terminología cristiana, es evidente desde el principio.

¿Qué ocurre con San Juan de la Cruz? Es un fraile judeo-cristiano. Pertenece a una orden cristiana, pero él por formación intelectual y universitaria participó también de toda esa reivindicación, en esa defensa de la verdad hebraica. Es decir, de poder conocer el origen que hay en la Biblia hebrea, para poder vivir en conciencia el misterio cristino, la Pascua cristiana.

En San Juan de la Cruz encontramos a un humanista cristiano, de la segunda mitad del siglo XVI, que participó, que se nutrió, de esas fuentes bíblicas que permiten entender el misterio mariano, el misterio de la Pascua cristiana, el misterio de la muerte, el misterio de la Resurrección, el misterio del nacimiento, de todo en general.

— Muchos han oído hablar del Cántico Espiritual y pocos son los que lo han leído. ¿Cómo se deben enfrentar a él aquellos que aún no lo han leído?

— En primer lugar, creo que fomentar la literatura espiritual, la literatura mística, para todas aquellas personas que quieran ir ahondando en lo que es el ser humano es fundamental. La dimensión de lo espiritual es lo más hondo de lo humano y desde la cual se abraza todas las otras dimensiones. Lo que da mayor consciencia del resto de las dimensiones.

Aproximarse a la obra en concreto de San Juan de la Cruz, a sus poemas, es abrirte a una poesía de una belleza extrema, recogedora, porque además era un poeta culto. Y aunque no entiendas las claves místicas, tienes que dejar apriorismos intelectuales, cuestiones místicas, religiosas… dejar fuera, al margen, formulismos y dejarte acariciar por una poesía que es persuasiva, porque las cuestiones espirituales, cuando mejor se expresan, es a través del lenguaje poético. La poesía es un lenguaje por sí mismo. Y es el mejor lenguaje para hablar de lo espiritual. Leerlo es una experiencia espiritual y estética de primer orden.

— ¿La palabra Míriam varía si hablamos de la tradición judía y la cristiana?

— Dentro del mundo de la Torá, con Míriam va la celebración de la Pascua judía. Con Míriam nace la manifestación de la música en la Biblia. De la liberación de un pueblo de la esclavitud. Míriam es, además, la hermana de Moisés, quien lo salva cuando nace. A ella se le ocurre meterlo en una canastilla para que cruce las aguas. Este hecho de por sí esconde todo un misterio.

Pero es ella la que tiene la ocurrencia, la que tiene que manifestar la salvación del hermano, que luego es el que a su vez va a salvar al pueblo de Israel de la esclavitud. Con Míriam desde el principio se da la manifestación de la posibilidad de salvación. No es entonces un azar que luego, la primera que vea la resurrección de Jesucristo, sea también una Míriam, María Magdalena.

— ¿Y la madre de Jesús?

— Efectivamente. La que alumbra, la que da a luz a Jesús. A esa nueva dimensión de lo espiritual, a la que estamos llamados.

— ¿Podemos decir que la Virgen María se convirtió al cristianismo o, como madre, estuvo al lado de su hijo manteniendo sus creencias?

— Donde está el hijo está la madre, forzosamente. Me refiero a que donde está la manifestación está Míriam. También Míriam de Mandala es la que lo abandona todo y escoge el magisterio de Jesús y lo acompaña hasta el final y hasta la resurrección. Es decir, lo femenino está siempre presente en la manifestación de la trascendencia.

— ¿Se deja aparte la figura masculina por lo que acabas de decir?

— No. Cuando hablamos en términos espirituales no hemos de estar vinculando lo masculino y lo femenino, con lo meramente sexual. El cuerpo también manifiesta lo femenino y lo masculino. Cada persona estamos integrados por potencias masculinas y femeninas. Por potencias receptoras y dadoras.

Lo manifestado, lo que recibe, gesta y manifiesta, son potencias femeninas, al margen del sexo. Lo material no forma solo parte del sexo femenino, también forma parte del sexo masculino. Al igual que la potencia de la semilla de engendrar no solo forma parte del sexo masculino, también del sexo femenino.

— Madre e Hijo, ¿son dos caras de la misma moneda?

— Son la misma esencia. Ambos participan de la misma esencia. Eso mismo deberíamos percibirlo todos. Participamos todos de la misma esencia, esto es fundamental. Al principio de la Biblia, en el Génesis, se dice que la Divinidad creó a Adán varón y Adán hembra. Hay toda una confusión cognitiva, que deriva en una confusión conceptual a la hora de vivir una espiritualidad. Es una espiritualidad liberadora. Liberadora de la mente, de los apriorismos conceptuales, de nuestros embrollos cognitivos.

— ¿Para hacerlo más sencillo se usó el concepto hombre-mujer?

— Exacto. Se helenizó. Todos unos referentes de sabiduría fundamentados en la palabra, en el verbo. En el principio está la palabra. ¿Qué significa la palabra? Ya no solo la palabra, sino cada uno de sus componentes. Estamos ante una tradición en la que el fundamento es la palabra, que es nuestra naturaleza lingüística, que nos permite ser autoconscientes. Somos las mismas criaturas. Llegó un momento en el que se helenizó, al contacto con Grecia, todo el saber hebraico, se helenizó. Y entonces se le dio una concepción antropomórfica. A conceptos abstractos. De ahí la confusión de lo femenino y masculino.

— ¿No hay un papel secundario?

— Es un papel fundamental. Es coprotagonista. Sin el misterio de Míriam. Sin el misterio mariano no hay revelación de nada. Míriam es el primero y último misterio.

— La Biblia es fundamental en todo lo que acabas de decir. Algunos dicen que solo se debe leer si eres creyente. Si no lo eres no vale la pena leerla. ¿Estás de acuerdo?

— La Torá te enseña que no se debe creer en nada. Es un libro de liberación. Yo lo entiendo como una gran historia de amor, del ser humano en su búsqueda del saber. Te enseña que lo importante es no creer. No tienes que creer en nada. San Juan de la Cruz es un maestro de la liberación intelectual. La noche más oscura, la más cerrada, es la de Dios. Hay que hacer a Dios. Hay que experimentar. Lo único que te legitima es la experiencia. No se debe creer en Dios, hay que hacer a Dios.

— ¿Por qué se le da tanta importancia a los misterios marianos?

— Cada vinculación de lo sagrado de las cuevas tiene a una Míriam. Porque si no hay una Míriam no se da la revelación. El misterio mariano, en sí, es el misterio de la revelación de la dimensión sagrada.

— ¿Con lo cual podemos decir que hay un cierto machismo?

— Un cierto machismo no. Un grandioso y rotundo machismo. En el asentamiento de este paradigma socio-político de Europa y Occidente es un paradigma creado para y por lo masculino. Con lo cual, la mujer queda relegada a ser una mera sirvienta, del paradigma masculino.

— ¿El Cántico Espiritual podía haber existido sin la palabra Míriam?

— El Cántico Espiritual es una amada que busca al amado. Por lo tanto, ya tenemos a esa potencia femenina que busca esa potencia masculina. Y que al final se encuentran, se unen. De esa unión nace un fruto que es la realización mística. Sin lo femenino no puede haber revelación y, por lo tanto, experiencia mística. Lo femenino y lo masculino son la unidad.

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