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Diego Anido, actor de la película La infiltrada

Diego Anido, actor de la película La infiltrada@pepe.desantos

Cine

Diego Anido ('La infiltrada'): «Representar a Sergio Polo es algo perverso dentro de un objetivo bondadoso»

«Todas las personas que trataron de primera mano a Arantxa se sienten engañadas». Diego Anido, uno de los actores de La infiltrada, habla sobre la película ganadora del Goya (junto con El 47) y el terrorista al que interpreta

En La infiltrada (Arantxa Echevarría) se plantean duelos constantes. Entre dos altos responsables policiales, entre dos etarras, entre dos mujeres de la policía. Son duelos de contraste y, a veces, de complementariedad, de complicidad lejana. En estos duelos, destaca el que viven los terroristas Kepa Etxebarria (Íñigo Gastesi) y Sergio Polo (Diego Anido). Kepa, en el cajón de su mesita de noche, guarda juntas la gameboy y la pistola —la gameboy no le impidió merecer veinte años entre rejas. Por su parte, Sergio es un sanguinario que intimida con su mera respiración. Acumula una serie condenas por diversos atentados; desde su detención hace un cuarto de siglo, ha ido enlazando procesos judiciales, hasta 2018, cuando la Audiencia Nacional dictó una nueva pena de prisión contra él de 110 años.

Su detención se produjo gracias a Aranzazu Berradre (Carolina Yuste, ganadora del Goya por este papel), nombre ficticio de la policía infiltrada en ETA cuya labor recrea este film. En julio de 1999 —cuatro meses después de su detención—, y estando preso, Sergio Polo ocupaba un escaño en las Juntas Generales de Vizcaya, como integrante de la lista electoral de una de las marcas batasunas: Euskal Herritarrok. En las votaciones para constituir la Mesa parlamentaria de esa diputación provincial, los votos del PSE y del PNV dejaron fuera al PP y otorgaron un puesto a la candidatura batasuna. Con los votos batasunos, el peneuvista Aitor Esteban logró la presidencia de ese organismo. Hoy, a principios de este mes de febrero, el Gobierno Vasco —que detenta la competencia de prisiones— le ha concedido a Sergio Polo el tercer grado penitenciario.

En un coloquio —llamado Cuarta pared— organizado por It’s time to think —que repite dentro de poco formato con la película El 47 (Marcel Barrena)—, Diego Anido charla sobre La infiltrada, su personaje y la carrera de actor. Lleva un cuarto de siglo en la profesión, aunque antes se dedicó a la música —estuvo en un par de grupos— y a todo tipo de tareas: desde pizzería hasta ser masajista en un balneario o pegar carteles. Dice que «actuar no es difícil», porque «hay mil sitios»; lo difícil es protagonizar películas —«muchísima gente no lo consigue»—y, en todo caso, «cobrar». Asegura que «lo normal es tener un sueldo malo con veintiún años; acostúmbrate a la precariedad». Por eso no se adhiere a esa idea de «persigue tus sueños», que, en su opinión, comenzó como algo «sanador», pero que ya no motiva, sino que se ha convertido en un «producto». Aconseja «tener los pies en el suelo» —y no «vivir en sueños»— y, al mismo tiempo, señala que a veces, en la carrera de un actor, se da la dicotomía «sueldo/sueño». Según Anido, «sin base sólida, no se perdura», y esa base la aporta el haber transitado «todos los pasos difíciles de la profesión».

Sobre su personaje en La infiltrada, el terrorista Sergio Polo, dice que funciona dentro de un «guion bien escrito» y que «su psicología no es compleja», porque no es contradictoria, no es un personaje que necesite disimular. Según Anido, lo incómodo no es tanto representar a un personaje criminal como este, sino «atreverse a encarnarlo ante sesenta personas que conforman el equipo de rodaje». Porque «sólo el 8 % de una secuencia consiste en actuar»; el resto es iluminación, atrezo, vestuario, montaje, música, sonido… Al mismo tiempo añade que, «cuando te pones a actuar, es divertido». En este caso, Anido explica: «este personaje coincide con mi sentido del humor», en la medida en que al actor le gusta la confluencia del «humor y el terror», lo tenebroso. En concreto, el personaje de Sergio Polo «lo dinamita todo» cuando aparece en escena.

Diego Anido, durante el coloquio Cuarta pared celebrado en Madrid

Diego Anido, durante el coloquio Cuarta pared celebrado en Madrid@pepe.desantos

Acerca de la oportunidad de esta película, asegura que representar a Sergio Polo es «algo perverso dentro de un objetivo bondadoso, que es dar a conocer el contexto histórico» de lo que supuso ETA. Por eso, es algo que puede resultar beneficioso para la sociedad. En su opinión, esta es una película que «apuesta por no olvidar». Asegura que hubo policías que acudieron al rodaje y que, para el conjunto de la sociedad, La infiltrada puede suponer una «catarsis». La escena que recrea el atentado contra Goyo Ordóñez, según Anido, «se rodó en el mismo restaurante y en la misma mesa», con una «atmósfera densa», en tanto que emotiva y en recuerdo de aquel concejal del PP. Incluso el dueño del restaurante estaba ahí, tras las cámaras. «El templo de la muerte se volvió a hacer presente», parafrasea a la directora de la película.

Para interpretar a su personaje, Diego Anido realizó la habitual «investigación» actoral. Algo que encajaba en una línea que ya tenía trabajada sobre «perfiles psicopáticos». Pero no intentó visitar a Sergio Polo en prisión, para conocerlo y charlar con él, «al modo de El silencio de los corderos». Porque, «aunque en este tipo de situaciones a veces ocurren cosas, lo normal es que no haya nada, sólo frialdad». Para conocer a alguien, «necesitas tiempo».

Precisamente tiempo es lo que tuvo la policía nacional que logró adentrarse en ETA en la década de los noventa haciéndose llamar Arantxa. Dice Anido que mucha gente de aquel entorno, de su barrio, de varias zonas de San Sebastián la conocían en persona. Y pensaban que era una amiga, una vecina o una abertzale siniestra con la que se cruzaban; «todas las personas que la trataron de primera mano se sienten engañadas».

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