
El escritor J.K. Franko en la redacción de El Debate
Entrevista al escritor J.K. Franko
J.K. Franko: «El gobierno de Trump tiene su semilla en Obama, cuando empezó el momento woke que hemos vivido»
El Debate entrevista a J.K. Franko con motivo de su nueva novela: Hasta que tu muerte nos separe: «No creo que todos tengamos un impulso al asesinato, pero sí que todos somos capaces de hacerlo»
Se podría decir que nadie mata mejor a sus personajes que el escritor J.K. Franko. El escritor de novela negra, nacido en Texas pero de ascendencia cubana, mexicana y española no es nuevo en estas lides. Viene de triunfar con una de las trilogías de referencia en el género, formada por Ojo por ojo, Diente por diente y Vida por vida.

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Ahora llega con Hasta que tu muerte nos separe (Roca), donde las rencillas, los secretos y la venganza guían las acciones de una mujer que decide asesinar a su marido en pleno proceso de divorcio.
La novela se desarrolla en Texas, en un pueblo de los profundos Estados Unidos, Fredericksburg, una zona rural idílica rodeada de viñedos.
En conversación con El Debate J.K. Franko habla de esta novela y sus próximos proyectos. Uno de ellos será una novela titulada Navidad en Madrid, que se publicará en las próximas Navidades y con el parque del Retiro como escenario.El guiño a España no es casual. Está casado con Raquel Cordón, hija del empresario Publio Cordón, secuestrado y asesinado por el GRAPO.
¿Morirá gente en esa nueva novela? «Muere gente. Alguien siempre tiene que morir». Antes llegará (en inglés) un libro de J.K. Franko más amble, Love letters (Cartas de amor) que, según su autor, es un experimento donde trata de recrear la forma de escribir del romanticismo original de los años 1800.
— Usted viene de Texas, Estado que, para muchos, en el imaginario popular, está vinculado a la saga de La Matanza de Texas. ¿Es Texas el lugar apropiado para esta clase de historias?
— Texas, cuando lo piensas, es del mismo tamaño que España. Tenemos desde el «golfo de América» (dice en broma y entre risas), el golfo de México, tenemos costa, tenemos montaña, tenemos desierto… O sea, hay un poco de todo.
En cuanto a ciudades, tienes la capital Austin (que, aunque no es tan grande, es bastante cosmopolita), Houston o Dallas (que, comparándolas con España, podrían ser el Madrid de Texas), y Fredericksburg. Esta zona sería un lugar algo más pequeño. Como es una zona de vino, se podría comparar con la región de la Ribera del Duero.

El autor en un momento de la entrevista
Crímenes y venganza creo que es algo universal, puede pasar donde sea. Pero me pareció interesante este sitio, primero, porque hemos vivido en Austin, aunque ya no estamos allí, pero estuvimos durante unos 16 años. Y Fredericksburg está como a una hora, e íbamos allí mucho con los niños porque es un pueblo pequeñito, tienen tiendas de antigüedades, zonas de barbacoa, un centro histórico muy antiguo con tiendas de arte, de pintura, etcétera.
Y comenzaron hace casi 20 o 25 años a explotar estos viñedos. Me pareció un sitio interesante que conozco muy bien. En todos mis libros, en este, pero también en la trilogía, es importante para mí escribir sobre sitios que conozca bien.
Creo que para un lector español hacer un poco de escapismo y conocer un sitio nuevo siempre es interesante.
— En España estamos ahora en plena polémica por un libro que se llama El odio donde se da voz a un cruel asesino que mató a sus propios hijos en 2011. ¿Dónde cree que debe ponerse el límite al morbo a la hora de tratar casos de asesinatos reales? ¿O no debería haber límite?
— Creo que aquí hay dos puntos. Uno es lo que se puede o debe escribir o publicar. En ese sentido yo soy anticensura y creo en la libertad de expresión. Porque se empieza siempre censurando lo extremo y luego van cambiando la definición de extremo hasta que censuran lo que quieran.
Por otra parte, no creo que alguien que cometa un crimen deba poder beneficiarse haciendo dinero vendiendo los derechos de un libro. Pero si alguien quiere escribir sobre unos hechos reales, no me parece mal que lo haga, que lo publique y que el mercado dicte si quiere leerse o no.
— Hasta que tu muerte nos separe es una historia retorcida donde una mujer vengativa planea el asesinato de su marido. Me ha resultado inquietante el modo en que surge la idea del asesinato en un contexto rutinario. Le he leído en otra entrevista que usted cree que todos tenemos como una tendencia asesina en nuestro interior. ¿Lo cree de verdad?
— Son dos cosas distintas. No creo que todos tengamos un impulso a cometer un asesinato, pero sí creo que todos somos capaces de hacerlo si se dan las circunstancias que lleven a la persona a ese punto.

'Hasta que tu muerte nos separe', de J.K. Franko
Parte de lo que yo exploro en mis novelas, en la trilogía de Ojo por ojo, y en esta nueva novela de Hasta que tu muerte nos separe, es qué tiene que suceder para que una persona llegue a ese punto.
Creo que todos somos capaces, y para mí es mucho más interesante esa dinámica que la del típico asesino en serie que mata porque está loco. Que una persona normal llegue a ese extremo para mí es más interesante, como escritor, y espero que también para los lectores.
— ¿Qué es lo que mueve al asesinato a una persona perfectamente integrada en sociedad y con una vida incluso anodina?
— En mis primeras novelas lo que siempre ha suscitado el asesinato fue la muerte de un hijo. En esta no quiero hacer spoiler, con lo cual no diré qué es, pero creo que, en general, va en esa dirección.
Las personas están dispuestas a aguantar bastante cuando son ellos mismos los que sufren el daño. Pero lo que creo que puede convertirlos en asesinos —es ahí por donde engancha— es el daño a sus seres queridos, a su familia, a sus hijos…
— Esa idea de la familia perfecta, de clase media alta, con perro, quizás un par de hijos, coche familiar, barbacoa los domingos, pesca en el lago de vez en cuando, una casa unifamiliar con jardín en un bonito barrio de extrarradio es lo que se nos ha vendido del sueño americano a través del cine. Sin embargo, esa idea resulta tan artificial que al final se presenta casi como siniestra. No he podido evitar pensar en esa referencia al leer el libro… ¿Voy desencaminado?
— Esta historia no va de una familia perfecta, que creo que no existe. Es algo que Hollywood ha promovido como estrategia de marketing: ese concepto de ‘una persona perfecta para cada uno’, las princesas Disney…, ¡o los franceses con sus quesos y sus vinos! O sea, marketing.
Pero yo creo que, en realidad, todos sabemos que eso no existe, que la vida es complicada y las personas más.

J.K. Franko respondió a las preguntas de El Debate
Donde tiene lugar la novela es un sitio idílico, pero muy pronto ves que, aunque las personas viven en un viñedo y tienen un negocio que intentan sacar adelante, tienen problemas que se van revelando a lo largo de la novela.
En base a esos problemas, un matrimonio, que llevan cinco años casados y que se van a divorciar, van enterándose a lo largo del divorcio de los secretos que cada uno tenía, y se dan cuenta de que no se conocían tan bien como creían. Yo creo que eso es verdad en todas las relaciones.
Empiezas con uno o dos matrimonios que parece que se conocen y, cuando vas desarrollando el argumento, empiezan a salir secretos y se van conociendo mejor sus circunstancias, sus secretos, etcétera. Es normal, creo.
— Perdone que le pregunte por política: A veces parece que los votantes estadounidenses lo tienen muy complicado al tener que elegir entre la cancelación woke de los demócratas y las sobreactuaciones de los republicanos MAGA. ¿Cómo ve los Estados Unidos de Trump?
— Yo creo que es un gobierno de reacción. Creo que todo esto tiene su semilla, su comienzo, con Obama, cuando comenzó todo este momento woke que hemos estado viviendo.
Empezó ahí, pero Obama no llegó al grado con que lo impulsó Biden, si es que Biden era realmente el que lo impulsaba, porque no sabemos exactamente si gobernaba él o era su administración.
Biden consiguió ganar y llevó todo lo woke a un extremo tan de izquierdas que la reacción ha sido…
Empezó con Obama. Con Trump (en su primer mandato) se intentó que el péndulo volviera un poco a la derecha, pero la izquierda y los medios de comunicación se pusieron en contra de Trump desde el principio, a machacarle, y lo consiguieron (también tuvo un papel importante la pandemia), y llegó Biden.
Biden consiguió ganar y llevó todo lo woke a un extremo tan de izquierdas que la reacción ha sido… Además de llevarlo todo al extremo, es que en el debate se vio que no estaba capacitado para seguir como presidente, y se vio muy muy tarde en el proceso de elección.
Los demócratas no tuvieron otra opción que presentar a Kamala Harris, la vicepresidente, que cometió el mismo error de Biden de no salir a la prensa hasta tres semanas antes de las elecciones.
El país no tenía muchas opciones. La derecha ganó en todos los swing states, los Estados que deciden las elecciones porque no son ni completamente de izquierdas ni completamente de derechas. Y se fueron todos a la derecha.
En España tienes a los de derechas que dicen que no pactarán con Vox y, como son fieles a su palabra, y no gobiernan
No creo que haya sido un voto a Trump, sino en contra de las políticas de inmigración de Biden, las políticas transgénero y la política económica, que ha sido un desastre. La inflación subió a niveles que no habíamos visto desde los años 70.
Pero bueno, en España veo que estáis un poco igual. Por una parte, tenéis una izquierda muy izquierda, que cuando llegó el señor Sánchez dijo que nunca pactaría con terroristas ni separatistas, y ahí está aguantando su silla haciendo justamente eso.
Y, por otra parte, tienes a los de derechas que dicen que no pactarán con Vox y, como son fieles a su palabra, y no gobiernan. La oposición hace poca cosa y no tenéis presupuestos desde hace dos años. España y Estados Unidos compartimos muchos de los mismos problemas.
— Y volviendo a Hasta que tu muerte nos separe. El libro se desarrolla en un viñedo, no sé si recomienda leerlo acompañado de un buen vino, y de qué vino…
— Pues sí, siempre un buen vino… A mí me gusta mucho el Valduero 6 Años, que está muy rico, de Ribera del Duero. Incluso creo que me bebí una botella cuando terminé el libro para celebrarlo.