Cuerva contra Garamendi, choque de trenes en Diego de León
La guerra ya ha pasado de lo personal a lo institucional y ha puesto de manifiesto una profunda crisis en el seno de las patronales

Antonio Garamendi, en primer plano, ante Gerardo Cuerva
Lo que faltaba con la que está cayendo. Al ninguneo a los empresarios en las conversaciones con el Ministerio de Trabajo y al intervencionismo del Gobierno en el capital de las empresas hay que añadir un nuevo capítulo: el enfrentamiento entre los dos presidentes de las patronales CEOE y Cepyme. Un enfrentamiento que ha pasado de lo personal a lo institucional entre dos organizaciones que hasta comparten sede, en la madrileña calle de Diego de León.
Pero así es la vida: CEOE ha pedido al presidente de Cepyme, Gerardo Cuerva, que rectifique y no suprima el voto delegado que permitían sus estatutos de cara a las próximas elecciones a la patronal de la pequeña y mediana empresa. Lo hizo este miércoles, el vicepresidente primero de CEOE, Miguel Garrido, durante el Comité Ejecutivo de la patronal. En esa misma reunión de CEOE también estaban su presidente, Antonio Garamendi y Gerardo Cuerva. Y Cuerva no dio su brazo y argumentó que CEOE y ATA –las otras organizaciones empresariales– no tienen la delegación de voto ilimitada, como sí sucede en la patronal de la pequeña y la mediana empresa. La cosa se puso tan tensa que Garamendi tuvo que intervenir «para que la situación no derivara en un circo» y apeló a la «unidad que siempre debe representar» la patronal española.
Pero la cosa tiene su miga. La limitación en la delegación del voto se produce poco antes de las elecciones presidenciales en Cepyme a las que se presenta Gerardo Cuerva, y un tapado que promueve Antonio Garamendi. La jugada de Cuerva buscaba evitar –según una fuente de Cepyme– «que los votos de CEOE vayan al candidato de Garamendi». Mientras tanto, en CEOE argumentan que la limitación del voto delegado en Cepyme podría ser impugnada al no contar con el beneplácito de su Comité Ejecutivo, que es el competente según los Estatutos, para proponer a la junta directiva cualquier modificación del régimen interior de Cepyme.
Este comité se reunió poco antes de la junta y rechazó esta propuesta mayoritariamente, pues solo un 30 % apoyó eliminar el voto delegado. Pero a Cuerva dijo que la decisión del Comité no era preceptiva y llevó a la junta directiva su propuesta.La guerra Cuerva-Garamendi ya ha pasado de lo personal a lo institucional y ha puesto de manifiesto una profunda crisis en el seno de las patronales. No podían haber elegido peor momento.