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Pedro Sánchez, este miércoles en el Congreso

Pedro Sánchez, este miércoles en el CongresoEFE

Pobrísimo balance

El PSOE entra en barrena y ya suma el triple de derrotas parlamentarias que de leyes aprobadas

La producción legislativa en esta legislatura está siendo muy poca y los reveses sufridos por los socialistas, muchos. La próxima semana se vota la iniciativa sobre la cuestión de confianza

La precariedad parlamentaria en la que viven los socialistas ha convertido en cotidiano el hecho de que pierdan votaciones casi en cada Pleno. En el de esta semana sumaron cuatro nuevas derrotas. Una de ellas inducida por Sumar, porque suya era la proposición no de ley para crear un fondo específico para Aragón que compense la merma de ingresos de la comunidad en 2025, aprobada con el voto en contra del PSOE. Pedro Sánchez no votó, ni presencial ni telemáticamente. Yolanda Díaz, tampoco. Y la coalición volvió a romperse.

Los tres primeros plenos de este periodo de sesiones son de dos días en lugar de tres porque el Gobierno no lleva leyes

El PSOE ha entrado en barrena y, con las de este miércoles, suma el triple de derrotas parlamentarias que de leyes y decretos leyes aprobados esta legislatura de escasísima producción legislativa. Tan escasa que el Pleno de esta semana duró dos días en lugar de tres porque los jueves son los días en que se debaten y votan los proyectos de ley del Gobierno y el Gobierno no está llevando ninguno a la Cámara Baja. El Pleno de la semana pasada también fue de dos días y el de la próxima, lo mismo: se reducirá a martes y miércoles.

La realidad es que el grupo parlamentario de Sánchez acumula en el debe 85 derrotas frente a 27 leyes y decretos leyes en su haber. Descontando estos últimos, el balance es mucho más pobre: siete leyes orgánicas, siete leyes ordinarias.

Los socialistas restan hierro a los varapalos que sufren cada vez con más asiduidad en el hemiciclo con el argumento de que la mayoría son derrotas menores en proposiciones no de ley, mociones o enmiendas parciales. Algunas de ésas hay, pero también mazazos muy severos. En el Pleno extraordinario convocado el pasado enero para convalidar los tres reales decretos leyes que el Consejo de Ministros aprobó a finales de diciembre, el Gobierno sufrió un siniestro total: solo salvó uno de tres y, encima, gracias a los votos del PP. Uno de los decretos derogados fue el ómnibus, que después Sánchez pactó con Puigdemont trocear a cambio del apoyo de Junts.

Sánchez interviniendo en el Pleno de este miércoles

Sánchez interviniendo en el Pleno de este miércolesEugenia Morago/ PSOE

En los plenos más recientes, los socialistas han visto cómo el PP, Vox, Junts y a veces el PNV visibilizan una mayoría alternativa a la que permitió la investidura de Sánchez en noviembre de 2023. En el último Pleno de 2024, esos cuatro grupos tumbaron el gravamen temporal a las energéticas. Otras veces han sido sus socios de izquierda los que han hecho morder el polvo al PSOE, como cuando Sumar, ERC y Bildu frenaron la toma en consideración de una proposición de ley socialista para prohibir el proxenetismo.

Uno de los plenos más aciagos para el Gobierno fue el del 23 de julio. En una sola jornada, los socialistas vieron caer su reforma de la Ley de Extranjería para obligar a las comunidades a asumir cupos de menores extranjeros no acompañados y la senda de estabilidad presupuestaria, necesaria para la aprobación de las cuentas públicas. En ambas votaciones, por cortesía del PP, Vox y Junts.

En el caso de la senda de estabilidad (los objetivos de deuda y déficit), el Gobierno quiso llevarla al Pleno nuevamente en septiembre, pero la retiró de la tramitación in extremis para ahorrarse otra derrota. Eso mismo, recular antes que verse vapuleado, fue lo que hizo el PSOE con su reforma de la Ley del Suelo en mayo: la echó atrás horas antes de la votación porque Sumar estaba decidido a votar el contra y arruinársela. En ninguno de los dos casos los socialistas lo han vuelto a intentar hasta hoy.

Y qué decir de la ley Begoña, que el PSOE registró en enero como proposición de ley de su grupo parlamentario. Como contó El Debate el pasado viernes, los socialistas no se atreven a llevar al Pleno su sola toma en consideración –el inicio de la tramitación– porque hoy por hoy no tienen los votos y sucumbirían (Junts no está por la labor).

Entre las siete leyes que lleva el Ejecutivo a trancas y barrancas en esta legislatura están la ley de amnistía y la que pactó con el PP para reformar la Ley Orgánica del Poder Judicial y renovar el Consejo General del Poder Judicial. También figura la ley de paridad, que venía de la anterior legislatura y fue tramitada sin que nadie se percatara de que contenía un error de redacción que desprotegía a los trabajadores solicitantes del permiso cinco días por el cuidado de familiares. Y la polémica ley Txapote, que beneficia a los presos de ETA en cárceles francesas.

Entre las siete leyes ordinarias están: la ley ELA, aprobada por unanimidad y que sigue sin financiación más de 100 días después (la Confederación Nacional de Entidades de Esclerosis Lateral Amiotrófica lo denunciaba la semana pasada en un comunicado); la que regula las enseñanzas artísticas; otra sobre agentes forestales y medioambientales y una más sobre bomberos forestales.

La próxima semana también viene con nubarrones para Sánchez, que tiene todas las papeletas para sufrir otro revés importante en la votación de la proposición no de ley de Junts que le insta a someterse a una cuestión de confianza. Los socialistas repetirán que la PNL no va a ninguna parte y que la cuestión de confianza es una prerrogativa del presidente en exclusiva, como llevan sosteniendo desde diciembre. Pero ahí quedará el panel de votaciones para recordarle al presidente que es extremadamente dependiente.

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