
Gena Rowlands y Gene Hackman
Cine
La película de Gene Hackman de la que nadie habla pero todos deberían ver
El actor, famoso por sus papeles de tipo duro, también encarnó al perfecto enamorado
Con Gene Hackman desaparece –con el permiso de Morgan Freeman– el actor de aspecto poco hollywoodiense capaz de encarnar perfectamente al hombre cotidiano. Uno de los grandes del último medio siglo, será recordado por sus papeles como Jimmy 'Popeye' Doyle o 'Little Bill' Daggett, pero quizás debamos recordar otros de sus grandes papeles. En especial, su pequeña participación en una olvidada obra maestra de los 80.
Con 1,87 metros de estatura, anchas espaldas y un aspecto un tanto hosco, es normal que Gene Hackman encarnase papeles de tipo duro, en especial policías. De ahí que sus papeles más recordados –y tres de sus candidaturas a los Oscar– sean los de The French Connection –Contra el imperio de la droga en su versión española–, Arde Mississippi y Sin perdón.
Pero Gene Hackman participó en decenas de largometrajes, y eso que su vocación nació ya cumplidos los 30 años. Y lo mismo hizo suyos personajes como el Lex Luthor del Superman de Christopher Reeve, como se atrevió con comedias como Las seductoras, con una interpretación poco habitual en él, en el límite de lo verosímil.
Pero tampoco me refiero esas películas, sino a una vez que creó un hombre enamorado paradigmático.Porque la gran virtud de Hackman fue la de encarnar personajes de carne y hueso, con pocos alardes interpretativos pero con una eficacia al alcance de muy pocos. Y así te lo creías como presidente de los Estados Unidos en Poder absoluto, como miembro de una banda en Bonny and Clyde, por no hablar de su hilarante transformación de senador en travesti en Una jaula de grillos en versión estadounidense.
A pesar de su aspecto, aparte de ser un gran intérprete Gene Hackman tenía la inequívoca cualidad de estrella. Y eso se nota especialmente en el papel al que me refiero: enamorado de Gena Rowlands en Otra mujer, la bergmaniana película de Woody Allen de 1988.
Es un filme de actriz, donde la omnipresente protagonista vive y sueña mucho en los 75 minutos de metraje. Es una película intensa que muestra el autodescubrimiento de una mujer fuerte de mediana edad que descubre qué se dejó por el camino. Rowlands está inmensa. Y el guion de Allen es espléndido en su vertiente más dramática.
Pero Gene Hackman, que apenas aparece un par de minutos, se apropia del recuerdo que uno tiene de Otra mujer, simplemente por encarnar al hombre sincera y apasionadamente enamorado, un personaje que desborda energía en una película plena de personajes emocionalmente contenidos, constreñidos. O, quizás, la razón sea que participa en aquella escena memorable, bellísima, debajo de un túnel de Central Park, ya hacia el final de la película, en otro de esos besos que solo existen en la gran pantalla.
Gene Hackman se retiró del gran mundo a principios de siglo. Pero la magia del cine nos permite consolarnos con el repaso a sus grandes títulos. Descanse en paz.
P.S.: Pocos recuerdan también que Hackman es el ciego de El jovencito Frankestein.