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James Dean protagonizó Rebelde sin causa en 1955

James Dean protagonizó Rebelde sin causa en 1955GTRES

Historias de película

El actor que auguró la muerte de James Dean: «Si conduces este coche acabarás muerto en menos de una semana»

Little Bastard, el Porsche que conducía el actor cuando murió, estuvo acompañado de un halo de fatalidad y misterio que contribuyó aún más a su leyenda

James Dean tenía 24 años y había rodado sólo tres películas cuando murió en septiembre de 1955. Iba camino de una carrera de coches en la que la su estudio, Warner Brothers, no le permitía participar pues en marzo de ese año ya había estado presente en varias en Palm Springs y no quería que su estrella más rutilante se pusiera en peligro de manera innecesaria. Pero con aquel accidente de coche que le segó la vida nacía una leyenda, la de uno de los jóvenes malditos de la Generación Beat que vivió deprisa, murió joven y dejó un bonito cadáver (frase, por cierto, atribuida al actor y que nunca dijo).

James Dean era un fanático del motor y de las carreras de coches. Mientras finalizaba el rodaje de Gigante en agosto de aquel año, había encargado un Lotus MK X de carreras deportivas cuya entrega no hacía más que retrasarse. Así que un impaciente Dean, que ansiaba participar en una carrera de coches cerca de Salinas, en el estado de California, adquirió un Porche 550 Spyder del que se habían fabricado menos de cien unidades. Era una marca que ya había conducido y aquel modelo plateado con un motor bóxer de 4 cilindros, 112 cv y capaz de alcanzar los 230 km/h le resultaba muy atractivo.

James Dean.

James Dean murió a los 24 añosGTRES

A poco de probarlo, Dean lo apodó «Little Bastard» (pequeño bastardo) porque no era fácil de conducir. Con todo, trató de hacerse con él antes de la carrera. Lo tuneó con dos rayas y mandó pintar en la carrocería el número 130. Orgulloso de su adquisición, mostró su flamante vehículo de aluminio y apenas 600 kilos de peso a algunos de sus amigos. Ursula Andress rehusó probarlo porque no le parecía seguro, Sara Montiel estuvo a punto de ir con él en ese viaje, pero un cambio en su plan de rodaje de esa semana se lo impidió y Alec Guinness lo encontró siniestro, advirtiéndole: «Si conduces este coche acabarás muerto en menos de una semana».

Nueve días después de haberlo comprado, el 30 de septiembre de 1955, James Dean moría a causa de un accidente de tráfico sucedido en el cruce de la Ruta 41 con la 466 mientras iba camino de una carrera de coches en Paso de Robles. Su mecánico, Rolf Wutherich, iba con él. Un Ford Custom Tudor conducido por un estudiante se cruzó con ellos y Dean, que iba a 130 kilómetros por hora (algunas fuentes apuntan 90 km/h), no tuvo tiempo de frenar, chocando frontalmente con el Ford y quedando su pequeño bastardo hecho un amasijo casi irreconocible de hierros. Dean, que se había roto el cuello en el impacto, murió prácticamente en el acto y su copiloto y el estudiante del otro coche padecieron sólo varias contusiones.

El coche empezó entonces un viaje siniestro que hizo crecer la leyenda negra en torno a la muerte del actor. Un viaje lleno de puntos oscuros y de dudas sobre su autenticidad, hasta tal punto que se empezó a hablar de una maldición que perseguía a Little Bastard.

A los pocos días de la muerte del actor, su amigo George Barris, conocido personalizador de coches y diseñador del primer batmovil que vimos en televisión, compró los restos del coche por 2.500 dólares con la intención de reconstruirlo. Pero, para empezar, las cadenas que lo remolcaban en su traslado se rompieron y el coche cayó sobre un mecánico rompiéndoles las piernas. Esa no fue la única ocasión en que los restos del vehículo se desprendieron de sus cadenas, pues algo similar ocurrió en una exposición en Sacramento y en otra en Nueva Orleans donde los restos del coche se vinieron abajo provocando sendas roturas de huesos a los operarios que trabajaban en su traslado y matando a uno de los camioneros.

Imagen del Porsche 550 Spyder tras el accidente que costó la vida a James Dean

Imagen del Porsche 550 Spyder destrozado tras el accidente que costó la vida a James DeanGTRES

Cuando Barris vio que era imposible reconstruir el vehículo, vendió algunas piezas aún salvables: El motor y la transmisión, a Troy McHenry que los usó en una carrera de coches donde perdió el control del vehículo, chocó contra un árbol muriendo en el acto y el chasis, a William Eschrid que sufrió un grave accidente en una carrera en el que casi pierde la vida. También se dijo que las ruedas fueron vendidas a un joven anónimo que sufrió un siniestro cuando le reventaron a la vez en plena carretera y que cuando un hombre quiso robar el volante de los restos del coche perdió uno de sus brazos en el intento.

Lo más raro es que cuando Barris, en 1960, quiso aunar de nuevo todas las piezas del Porsche 550, alertado por todas estas extrañas y oscuras coincidencias, el coche desapareció misteriosamente en su traslado de Miami a Los Ángeles. Se habló entonces de que Barris llegó a ofrecer un millón de dólares de recompensa a quien encontrara el famoso vehículo, aunque también se difundió que acabó perdido en un almacén donde finalmente le prendieron fuego.

Sea como fuere, verdad o mentira, lo cierto, es que, al mítico actor de Rebelde sin causa, Al este del Edén y Gigante, le acompaña un halo de misterio y romanticismo que el tiempo no ha hecho sino engrandecer. Y que, a día de hoy, apenas se puede confirmar que James Dean vivió deprisa y murió joven.

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