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Robert Gavin durante la entrevista en El Debate

Robert Gavin durante la entrevista en El DebatePaula Argüelles

Entrevista a Robert Gavin Bonnar, escritor

«En Europa debemos despertar del sueño de que vamos a controlar el mundo otra vez»

«En el Reino Unido hay mucha frustración, y también mucha pobreza; un 20 % de la población tiene diabetes», dice Robert Gavin Bonnar, un irlandés bien afincado en Madrid y autor de la novela El cuarto Poder

Nació en Belfast cuando Bono, The Edge, Larry Mullen y Adam Clayton —quienes, una década más tarde, serían los integrantes de U2— eran unos mocosos de primera comunión.

Apenas tenía cinco años y sucedió en Derry aquella masacre perpetrada por el ejército británico que U2 canta en Sunday Bloody Sunday. Llegó a España siendo monitor quinceañero de cursos de inglés y quedó fascinado: «Veía a mujeres guapísimas, hombres con pantalones amarillos o verdes y camisas con mucho color, y una vida muy vibrante».

Con el paso del tiempo, tras ejercer como abogado en Reino Unido —con toga y peluca en la Corte Suprema y en la Cámara de los Lores— y Nueva York, decidió asentar su residencia en Madrid.

Entonces su esposa era la cantante y violinista Sharon Corr (The Corrs), y ahora muchos lo conocen por su relación con Telma Ortiz (hermana de doña Letizia).

Es Robert Gavin Bonnar, un hombre cuya muy dilatada experiencia en el mundo judicial, de las finanzas y la política sirve para cimentar una novela que ha publicado hace pocos meses: El cuarto Poder (Agoeiro).

Se trata de un libro cuyo protagonista se enfrenta a unas tremendas deudas y que deberá viajar a una mina de oro en Ghana porque las economías alternativas a Occidente (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica: BRICS) aspiran a manejarse en una nueva divisa —independiente del dólar y el euro— que ellos controlen y que esté referida al patrón oro.

Hace veinte intentó publicar una novela ambientada en 2027 y en la que Estados Unidos se abocaba a una contienda intestina; precisamente el año pasado se proyectó en los cines una película con una trama y desenlace parecidos: Civil War.

— ¿Cómo fue criarse en Belfast?

— Los que hemos nacido a finales de los 60 y comienzos de los 70 somos niños del conflicto. Lo que hemos visto durante toda nuestra juventud es el conflicto. En 1995, se logró el famoso Acuerdo de Viernes Santo, después ha habido un cambio tremendo en la vida cotidiana en Irlanda.

Estuve en Sudáfrica con Nelson Mandela y me preguntó: «¿Cuándo perdiste tu infancia?»

En Belfast todo ha cambiado. Durante mi infancia, sólo había una pizzería en el centro de Belfast. Había que atravesar muchas medidas de seguridad, murallas, barreras, para ir a este restaurante. Y hoy hay miles de restaurantes.

Otro momento de la entrevista con Robert Gavin

Otro momento de la entrevista con Robert GavinPaula Argüelles

Estuve en Sudáfrica con Nelson Mandela, en un proyecto de construcción de viviendas, y me preguntó: «¿Cuándo perdiste tu infancia?». Porque, si eres un niño de un conflicto, hay un momento importante en que te das cuenta de que esa es una sociedad que no funciona como las otras. Recuerdo perfectamente que me ocurrió cuando yo tenía siete años.

Y ahora el nuevo partido de Nigel Farage, Reform UK, está empatado en las encuestas con conservadores y laboristas. ¿Qué está pasando?

— Es un poquito como Trump en los Estados Unidos, o tal vez Meloni en Italia. Noto que la gente en la calle sabe perfectamente que este modelo económico no funciona para ellos como antes. En mi novela explico mucho del «capitalismo de desastre», porque es algo que está en marcha por todas partes, incluyendo el mundo de los fondos de inversión, como BlackRock State Street, Vanguard.

Ahora tenemos la mirada puesta en Musk, Zuckerberg y los tech-barons, pero BlackRock aquí en España es importantísimo

Son los dueños de casi todo. Me dicen que tienen 11 billones de dólares bajo su gestión [el PIB de España es 1,7 billones de dólares]. Ahora tenemos la mirada puesta en Musk, Zuckerberg y los tech-barons [magnates tecnológicos], pero BlackRock aquí en España es importantísimo.

En nuestro modelo del pasado había políticos que protegían los intereses de los empresarios y, por otro lado, políticos a favor de los derechos de los trabajadores. Pero esto ha cambiado desde la época de Clinton y Blair y la «tercera vía», aunque había funcionado bastante bien en los años 90.

Luego tuvimos a Cameron, que ha sido un político nefasto; introdujo el referéndum de Escocia, y después, pensando que se podía gestionar con facilidad, engañando y manipulando a la gente, plantea el referéndum del Brexit.

¿Y después del Brexit?

— No había un plan. El gobierno nacional británico no tenía un plan, si ganaban los brexiteers.

Hay mucha frustración, y también mucha pobreza fuera de Londres

Increíble la mala gestión de Cameron, y luego casi diez años de negociaciones interminables, de promesas de futuro… Hay mucha frustración, y también mucha pobreza fuera de Londres. Si visitas Liverpool, Manchester, Cardiff, Newcastle, Edimburgo… es impresionante. Hay un 20 % de la población en el Reino Unido con diabetes. La caída del Reino Unido es similar a lo que se ve en otros países, en Europa o en Estados Unidos, con mucha gente que vive en crisis perpetua.

¿Aquí es donde, como se ve en su libro, toca hablar de los BRICS?

— En Europa pensamos que estamos muy cómodos y que todo está muy bien controlado dentro de la Unión Europea. Pero si vas a trabajar fuera, a China, a países del norte de África, a Abu Dhabi, a Dubai, ves lo poderosos que son los BRICS. Son más de la mitad de la población del mundo y ni siquiera nos damos cuenta.

Estuve en China, cuando Von der Leyen visitó el país, y vi cómo el presidente Xi Jinping la trataba con desprecio absoluto

En Europa no somos conscientes de las decisiones que toman los políticos en Bruselas: externalizar necesidades energéticas a los rusos, producción de fábricas a los chinos. No tenemos puesta la mirada geopolítica en lo que está pasando de verdad en el mundo. Estuve en China, cuando Von der Leyen visitó el país, y vi cómo el presidente Xi Jinping la trataba con desprecio absoluto.

¿Porque era mujer o por ser europea?

— Sobre todo, por ser europea y llegar con el dedo levantado de los derechos humanos. «Estamos aquí para daros clase a vosotros los chinos». En China hay una profunda conciencia de lo que llaman «la gran humillación», que asumen como un siglo de crisis existencial causado por los europeos. Siguen muy molestos por ese desastre nacional que nosotros les hemos causado ayer mismo, contra su madre.

Lo cierto es que en Europa cada vez tenemos menos relevancia económica y política

Y, por otro lado, leo en la prensa en Londres que los chinos están invirtiendo en universidades y tienen un espía en el Parlamento, y se sorprenden. ¿Cómo que es una sorpresa? ¿Cómo que no sabéis donde estáis?

En Europa tenemos que aceptar la realidad en vez de continuar en el sueño de que vamos a controlar el mundo otra vez. Lo cierto es que cada vez tenemos menos relevancia económica y política. Esto no va a terminar bien si no despertamos y aceptamos la realidad.

La novela comienza con un irlandés que llega con su madre a una sucursal bancaria, y dice que desde 2008 no levanta cabeza más o menos. ¿Lo que le sucede al protagonista le ocurre también a la sociedad europea?

— Hubo un momento importante cuando cayeron los bancos americanos, durante la investigación posterior en el Congreso; un directivo de un banco importantísimo de Wall Street, en el año de esta crisis, ha recibido un bonus de 400 millones.

Hay la tendencia a pensar que puedo actuar sin repercusiones legales, que puedo hacer lo que me da la gana. Por eso Keir Starmer [el primer ministro laborista] invitó el verano pasado a BlackRock para ver cómo podían ayudar al nuevo gobierno.

¿Dónde están los otros 70.000? En el bolsillo de unas importantes empresas de los Estados Unidos que ganan cuando hay una guerra constante

Y en Ucrania, la cantidad de dinero que el gobierno americano ha dado durante estos tres años es de 144.000 millones, pero en una entrevista hace pocos días Zelenski ha dicho: «Hemos recibido solo 70.000 millones». ¿Dónde están los otros 70.000? En el bolsillo de unas importantes empresas de los Estados Unidos que ganan cuando hay una guerra constante.

Durante la toma de posesión de Trump, hubo una foto con Musk, Zuckerberg, Bezos. ¿Es un nuevo capitalismo que sustituye al viejo capitalismo, Wall Street, las farmacéuticas, las empresas armamentísticas, o es algo más?

— Desde Reagan y Thatcher, y el modelo de Milton Freeman del monetarismo, hay una tendencia en el mercado a ganar más dinero, más rápido. Son las raíces del capitalismo de desastre, como lo que cuenta Naomi Klein en La doctrina del shock. Si yo decido atacarte, tú vas a defenderte físicamente, vas a salir corriendo o vas a quedarte paralizado.

En EE.UU. con Trump han aceptado que estar en manos de un hombre fuerte como jefe de Estado es mejor el wokismo

Es una reacción psicológica que sucede también en empresas y sectores de la economía. Si hay un sentimiento muy negativo, vamos a actuar como durante la crisis, y todo es más predecible.

Si todo va en positivo, decides invertir, pero todo es muy difícil predecir. Esta es una idea que utilizo mucho en mi novela, porque lo he visto en China, donde no están enfocados en los sentimientos de la gente. Creo que por eso los americanos con Trump «versión 2» han aceptado que estar en manos de un hombre fuerte como jefe de Estado es mejor el wokismo.

Hubo un momento muy relevante, cuando se dijo: «Kamala Harris is for they/them, President Trump is for you» [juego de palabras que hace referencia al empleo de los pronombres en el mundo woke]. Y hay también un problema de población; soy un católico de Irlanda, y recuerdo que mi familia, primos, abuelos, bisabuelos, eran familias de seis, siete, ocho, nueve personas. Hoy padecemos una gran debilidad demográfica.

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