Tras superar un cáncer de mama, se encuentra preparando su posible participación en el Reto Pelayo Vida

Tras superar un cáncer de mama, se encuentra preparando su posible participación en el Reto Pelayo VidaCedida

De superar un cáncer al Reto Pelayo Vida: «Ver ediciones anteriores durante mi tratamiento me dio esperanza»

María Alonso se prepara para optar a formar parte del próximo Reto Pelayo Vida, una expedición deportiva extrema que realizan cinco mujeres que han padecido cáncer

Al igual que cuando llueve, se aprecia más cada rayo de sol, cuando la vida duele, se valoran aún más las horas felices. Bien lo saben quienes han padecido alguna enfermedad que les ha obligado a poner en pausa su existencia, para recuperarla tiempo después con más ganas, más fuerza y más ilusión.

María Alonso Pérez es fiel reflejo de ello, tras superar un cáncer de mama se encuentra preparando su posible participación en el Reto Pelayo Vida, una expedición deportiva extrema que realizan cinco mujeres que han padecido cáncer en algún lugar del planeta. «El proceso de selección consta de un formulario escrito, una entrevista personal y una prueba de alto nivel deportivo para la que hay que prepararse. Tanto el destino como la fecha se darán a conocer cuando concluya el proceso de selección, aunque ya sabemos se barajan Costa Rica, China, India y Etiopía. Las disciplinas en las que tendría que competir son trekking, cayak y rafting. Es un proceso de selección largo, pero me gustaría estar ahí», explica.

El hecho de que esté entrenando y tenga el claro objetivo de formar parte de esta aventura, parece incompatible con que apenas hace medio año terminase su tratamiento. Tras ser operada en diciembre de 2023, comenzó la quimioterapia y la radioterapia, lo que ha dejado paso a un tratamiento hormonal en pastillas que tendrá que mantener durante cinco años y revisiones periódicas.

«Un día en la sala de tratamiento del Hospital Virgen del Rocío, estaba en medio de la quimio –pasándome el «bitter kas», que era una quimio roja que sentaba fatal y la habíamos apodado así entre los pacientes que estábamos allí–. Llegó mi hermana y me enseñó los vídeos de esta expedición porque conocía a una chica que se había apuntado. Me animó muchísimo verlo y el afán de superación que transmitían las candidatas. Lo cogí por costumbre, ver los vídeos mientras me ponían el tratamiento y así se me hacía más llevadero, porque esas mujeres eran un ejemplo de superación», recuerda.

Ahora es ella la que se ha apuntado a esta aventura y tiene claro por qué lo ha hecho: «Me gustaría continuar el mensaje del Reto Pelayo Vida, de dar esperanza y fuerza, que tanto me ayudó a mí».

A sus 43 años, María afrontó este proceso con determinación a pesar del bloqueo inicial. «Me costó aceptarlo, nadie espera que le digan que tiene cáncer. Pero no era la primera vez que me enfrentaba a una dura prueba en mi vida, así que tome la actitud de luchar desde el primer día, asumir el tratamiento como una carrera de obstáculos que tenía que ir venciendo, poco a poco, en etapas. Primero la operación, luego la quimioterapia y luego la radioterapia. Tenemos una sanidad extraordinaria, con unos profesionales inmejorables que aúnan un conocimiento científico sobresaliente con una calidad humana maravillosa», subraya.

Familia, fe y deporte

En este tiempo ha tenido tres pilares fundamentales en los que apoyarse: mi familia, la fe y el deporte. «La quimioterapia es muy dura, te deja muy cansada y con pocas ganas de hacer nada. Si puedes, tienes que intentar moverte para que el tratamiento siente mejor, hay que huir de la cama, poniendo metas cortas que superar día a día, sin querer ser superhéroes. Todas las mañanas salía a caminar con mi hermana o mi marido. Yo vivo cerca de la calle Pureza y mi meta era poder llegar a la Capilla de los Marineros, para ver a la Esperanza de Triana. Había días que nos quedábamos en un banco en la calle Asunción, pero no me venía abajo, era una carrera de fondo. Al fin y al cabo, la frustración es parte de nuestra vida y si hoy me veo mal, mañana me veré mejor. Al día siguiente llegaba hasta la Plaza de Cuba y así sucesivamente, hasta que llegaba a ver a la Virgen».

Y no solo llegó a ver a la Virgen, sino que ahora entrena tres días a la semana y va a clases de natación y bulerías todas las semanas. «Tengo un entrenador personal que me ayuda a realizar los ejercicios más adecuados para mí. También hago natación y clases de bulería todas las semanas. Siempre he querido aprender a bailar flamenco, pero la coordinación nunca ha sido lo mío. El baile ha sido un descubrimiento para mí, una disciplina que te ayuda a superarte día a día y que te llena de humildad. Tú puedes ser una fuera de serie en tu trabajo y luego llegas a clase y eres incapaz de coger el compás. Pero, como me ha enseñado la vida, hay que divertirse en el transcurso e ir consiguiendo metas cortas».

Ella dice que «para ser valiente, primero hay que sentir miedo y reunir las fuerzas para afrontarlo». No solo le hizo frente al cáncer, sino que, paso a paso, fue superando obstáculos y hoy se sitúa en una nueva línea de partida con un claro objetivo: participar en el Reto Pelayo Vida y prepararse para ello, disfrutando del proceso. Ha dado esquinazo a los malos augurios y ha añadido años a su vida y vida a sus años con la alegría propia de una persona disfrutona. Siempre mantuvo la esperanza, pero ahora la lleva por bandera y es, probablemente, lo que mejor la define, intentando transmitírsela a todos los que estén pasando por un proceso parecido al que ella atravesó. Por eso, su vida es un regalo.

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