
La Princesa de Asturias se despide junto a sus compañeros antes de zarpar del puerto de Punta Arenas (Chile)
Casa Real La Casa del Rey envía un aviso a navegantes ante las próximas escalas de la Princesa Leonor: «No vale todo»
La mayor exposición de la Heredera de la Corona en América aviva el debate sobre la privacidad de los miembros de la Familia Real
La Princesa de Asturias tiene previsto llegar el próximo viernes a Valparaíso, una ciudad situada a hora y media en coche de la capital de Chile, Santiago, y mucho más accesible para los fotógrafos que la alejada Punta Arenas, a 3.000 kilómetros de distancia, donde el buque Juan Sebastián de Elcano hizo su última escala. Lo previsible es que a partir del viernes empiece otra vez la persecución mediática de Doña Leonor.
De nada sirve que la Princesa se deje fotografiar con sus impecables uniformes de guardiamarina en los actos oficiales o durante el tiempo que dura la maniobra de aproximación y amarre del buque escuela; lo que los fotógrafos buscan es la foto privada, la de Doña Leonor disfrutando después de su tiempo libre, ya sea tomando algo con sus compañeros, paseando, dándose un baño en la playa o de compras. Así ha ocurrido desde que el velero partió de Cádiz el pasado 11 de enero y especialmente desde que llegó a América.
En las tres escalas realizadas hasta ahora por el buque en esa orilla del Atlántico —Salvador de Bahía, Montevideo y Punta Arenas—, han aparecido fotos «robadas» de Doña Leonor mientras disfrutaba de su escaso tiempo libre. En Salvador de Bahía, fue fotografiada en una fiesta multitudinaria de Carnaval, y el autor llegó a decir que también había hecho fotos de un supuesto beso y se las habían hecho borrar. Pero todo fue una artimaña para inflar el precio de las únicas imágenes que hizo -en las que se ve a la Princesa entre la multitud-, porque dicho beso nunca existió.

La Princesa de Asturias, en su estreno como abanderada en Montevideo
La denuncia de Zarzuela
En Montevideo se le hicieron fotos en una playa; en Punta Arenas fue retratada tomando una cerveza en un bar y, en otra ocasión, acudió a un centro comercial, cuyos responsables decidieron facilitar a los medios de comunicación las imágenes de la Princesa que habían grabado las cámaras de seguridad. Esa filtración motivó una denuncia de la Casa del Rey ante los Carabineros por vulneración de la ley de protección de datos vigente en Chile. Además, la Zarzuela aprovechó ese momento para lanzar un aviso a navegantes: «No vale todo».El Elcano aún tiene previsto realizar seis escalas en América antes de que la Princesa desembarque en Nueva York y regrese en avión a España para continuar su formación en un buque moderno. El calendario de las escalas, que fue anunciado en octubre por la Armada Española, es de dominio público y, en cada una de estas escalas, Doña Leonor desembarcará y dispondrá de tiempo libre, como el resto de los guardiamarinas.

Con sus compañeros a bordo del buque escuela
Para los fotógrafos, se trata de una oportunidad única para intentar retratarla en su esfera privada, algo muy excepcional en el caso de la hija de los Reyes, que siempre ha sabido protegerse de las cámaras. Además, esta situación se limitará a lo que dure el crucero de instrucción, ya que el próximo curso, en cuanto ingrese en la Academia del Aire de San Javier (Murcia), se reducirá su exposición pública.
Evitar el «efecto llamada»
La exposición programada de la Princesa ha resucitado el viejo debate sobre cómo conciliar el derecho a la privacidad de la Familia Real con el deseo de la opinión pública a conocer las facetas más personales de sus miembros. Una situación muy difícil de manejar mientras dure el crucero del Elcano, porque cualquier concesión a los fotógrafos en una escala provocaría el «efecto llamada» en las siguientes.
Y también un debate difícil de abordar en unos momentos en los que cualquier foto privada de Doña Leonor, por muy normal que sea lo que está haciendo, se difunde con el titular de «la Princesa, pillada en una fiesta; pillada con una cerveza, pillada en una cena, pillada con un amigo...»

Doña Leonor, durante una de las maniobras a bordo del Juan Sebastián Elcano
Pero lo que trata de evitar la Casa del Rey, por encima de todo, es que una foto anecdótica acabe eclipsando el esfuerzo académico, físico y humano que está realizando la Princesa para formarse como futura Reina o que se transmita una imagen equivocada del crucero de instrucción de la Armada española.
Muy poco tiempo libre
Lo cierto es que los guardiamarinas pasan el 75 por ciento del tiempo en el mar y el 25 por ciento en el puerto, pero durante las escalas también tienen actos sociales, culturales o militares en los que tienen que representar al buque, a la Armada y a España. Además, participan en las juras de bandera y las recepciones que se celebran a bordo y se turnan en las guardias de puerto. De los cuatro o cinco días que dura cada escala, dos o tres tienen actividad oficial.

Los guardiamarinas tienen un promedio de cinco a ocho horas de clase diarias en el buque
En el buque todos los días tienen un promedio de cinco a ocho horas de clase, según la Armada Española. La diana suena a las 7 horas, de 8 a 12:30 horas tienen clase y, después de la pausa para el almuerzo, retoman la formación académica con otras dos horas de clase, hasta las 18 horas aproximadamente.
Una guardia casi cada dos noches
Además, hacen turnos de guardia de dos a cuatro horas, ya sea de puente de mando, de derrota, meteorología, máquinas, radio... Divididos en siete grupos de diez u once, los guardiamarinas tienen que cubrir las 24 horas del día. Por la noche las guardias son de cuatro horas: de 20 a 24 horas, de medianoche a 4 de la madrugada y de 4 de la madrugada a 8 de la mañana. Esto supone una guardia casi cada dos noches. Además participan en las maniobras y en la preparación general del buque.
Toda la actividad en la mar está condicionada por la situación meteorológica y, en la travesía que están realizando ahora, en la que han terminado de cruzar el Estrecho de Magallanes, ha habido condiciones más exigentes de mar, viento y frío. Por ello, han tenido que hacer más vida en el interior de las cámaras y sollados al terminar las clases o actividades. Después de doce días seguidos de navegación y de superar la travesía más complicada, lo natural es que los guardiamarinas estén deseando llegar a Valparaíso y disfrutar del tiempo libre en tierra firme.