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Ilustración en el Libro del ajedrez de Alfonso X el Sabio

Ilustración en el Libro del ajedrez de Alfonso X el SabioGTRES

Picotazos de historia

La única imagen de Eduardo I de Inglaterra en Castilla se conserva en el 'Libro de Ajedrez' de Alfonso X

El libro consta de 98 páginas en pergamino, encuadernadas en piel de oveja y enriquecidas con 150 ilustraciones a color, en las que se muestran los más antiguos problemas de ajedrez conocidos

El juego del ajedrez, maravilla que ha trascendido a lo largo de los siglos, se cree que fue inventado en la India antes de la caída del imperio sasánida (651 d. C.). Se conjetura que su origen podría derivarse de un protoajedrez indio denominado Chaturanga, mencionado por primera vez en el Mahabharata (obra épica e histórica de enorme extensión, escrita en torno al siglo III a. C.).

El gran poeta persa Hakim Abol Qasem Ferdousi (935-1020) nos cuenta que el origen del ajedrez fue el resultado de una discusión entre un grupo de sabios. Estos trataron de analizar una batalla que se había entablado entre dos hermanos con el objeto de resolver una disputa dinástica. Para ayudarse en la explicación, crearon un tablero dividido en escaques blancos y negros y utilizaron figuras que representaban las fuerzas más significativas de cada ejército.

El ajedrez fue apreciado por los musulmanes y, a través de ellos, se introdujo en la península ibérica y en Europa. Otro punto de entrada del ajedrez, en fecha posterior, fue el reino de Sicilia. Uno de sus reyes, el emperador Federico II, conocido como Stupor Mundi por su brillante intelecto y amplia cultura, fue un apasionado del juego.

Ya en Centroeuropa, el primer texto en el que se menciona el ajedrez es un poema escrito en latín y fechado en torno al siglo X, encontrado en el archivo de la abadía benedictina de Einsiedeln, Suiza. El texto es conocido como Versus de scachis. Para el siglo XIII, el ajedrez había alcanzado tanto fervor entre las clases altas y el clero que el concilio de París (1212) legisló en contra de su práctica, aunque los fieles hicieron caso omiso de la prohibición.

Será durante ese mismo siglo, pero unos años después (circa 1252), cuando el rey Alfonso X de Castilla y León encargará un tratado que hable de los diferentes juegos, entre ellos el ajedrez. El texto final se completó en el año 1283 y recibió el título de Libro de Ajedrez, Dados y Tablas. El único ejemplar original que nos ha llegado es un manuscrito iluminado que se conserva en la Biblioteca de El Escorial, aunque existe una copia posterior del siglo XIV.

El libro consta de 98 páginas en pergamino, encuadernadas en piel de oveja y enriquecidas con 150 ilustraciones a color, en las que se muestran los más antiguos problemas de ajedrez conocidos. En ellas, generalmente, aparece una pareja de individuos (hombres y mujeres, solos o acompañados) disputando una partida. Estas ilustraciones tienen valor de documento histórico, ya que podemos identificar a personajes contemporáneos como el rey Alfonso X o su hijo, el infante don Sancho (futuro Sancho IV).

Ahora me gustaría hablarles de algo completamente distinto. En el año 1170, en la ciudad de Tarazona, se celebró el matrimonio del rey Alfonso VIII de Castilla con Leonor de Plantagenet, hija del rey Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania (en la película El león en invierno, representados por Peter O’Toole y Katharine Hepburn, respectivamente). La desposada aportó como dote el condado de Gascuña (Vasconia en los documentos de la época), algo que nunca llegó a hacerse efectivo y que causó ciertas tensiones con Inglaterra.

Pongámonos ahora en el año de gracia de 1252. Alfonso X sucede a su santo padre como soberano de los reinos de Castilla y León, pero tiene ambiciones más altas: aspira a la corona imperial y trabajará para conseguirla en lo que será conocido como el «Fecho del Imperio». Para ganar apoyos a su candidatura como rey de Alemania, paso previo a la corona imperial, casará a su hermana Leonor (hija de Fernando III y su segunda esposa, Juana de Ponthieu) con el heredero de la corona de Inglaterra. El joven Eduardo, llamado el Zanquilargo por su enorme estatura, viajará a Castilla, donde será armado caballero junto a su cuñado, el infante don Manuel (padre del escritor don Juan Manuel), por el propio rey Alfonso en el monasterio de Las Huelgas de Burgos.

Allí mismo contraerá matrimonio con su prometida, Leonor de Castilla, quien aportará como dote los derechos castellanos sobre el condado de Gascuña y el condado francés de Ponthieu. Por parte inglesa, Eduardo, duque de Cornualles y tío del joven Eduardo, renunciará a sus aspiraciones a la corona imperial. A su debido tiempo, claro está.

En este punto me parece escucharles a ustedes decir: «Qué interesante, pero ¿a dónde nos está llevando?». Pues bien, aquí llego.

Escena que podría representar a Eduardo I de Inglaterra y a Leonor de Castilla

Escena que podría representar a Eduardo I de Inglaterra y a Leonor de CastillaUniversidad Complutense Madrid

En el Libro del Ajedrez, que les he descrito antes, en el folio 54b encontramos a una misteriosa pareja jugando al ajedrez. No hablaré del problema que se representa sobre el tablero, sino de las personas. Él es un joven de pelo rubio, lleva una corona sobre su cabeza y calza borceguíes dorados, lo que indica su linaje real. El caballero, príncipe o rey, viste una camisa ajedrezada que se muestra bajo el manto que lo cubre y en el que no hay distintivo heráldico ni blasón alguno.

A este personaje de sangre regia lo acompaña un paje. Frente a él se encuentra una dama noble, acompañada por una doncella. En esta pareja de jugadores hay un pequeño detalle que llama la atención: el párpado izquierdo del personaje masculino está caído.

Tanto los textos antiguos como los modernos historiadores destacan tres rasgos del aspecto físico del rey Eduardo I:

a) Medía 1,88 metros de altura, lo que lo hacía destacar en todas partes.

b) Tenía el cabello rubio.

c) Padecía ptosis palpebral, enfermedad congénita que se manifiesta en la caída parcial o total del párpado de un ojo. En el caso de Eduardo, afectaba su ojo izquierdo.

Por lo tanto, en el folio 54b del Libro del Ajedrez, encargado por el rey Alfonso X y escrito entre los años 1256 y 1283, muy probablemente se encuentra el único retrato de este príncipe inglés durante su estancia en Castilla.

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