TRIBUNAmonseñor enrique benavent

Defender la vida es sembrar esperanza

En una carta, el arzobispo de Valencia señala que no «corresponde a una visión cristiana de la vida considerar el aborto y la eutanasia como un derecho y justificarlos socialmente»

Actualizada 04:30

El día 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación, celebramos la Jornada por la vida. En este año jubilar esta jornada nos recuerda que la esperanza cristiana, que tiene como meta la Vida Eterna, no nos lleva a desentendernos de esta vida temporal, sino que, por el contrario, debe estimularnos a comprometernos más en su defensa, porque no estamos ante dos realidades paralelas que no tienen ninguna relación entre sí: si Dios nos ha llamado a esta vida es porque quiere darnos la Vida en plenitud.

En nuestro mundo existen muchas personas que, humanamente hablando, no tienen razones para vivir con esperanza. Son aquellas cuya dignidad no es respetada y cuyos derechos son violados: las víctimas de cualquier atentado contra su vida (homicidios, genocidios, aborto, eutanasia, suicidio deliberado); aquellos cuya integridad no es respetada (mutilaciones, torturas físicas o morales); las víctimas de deportaciones, los que viven en condiciones infrahumanas de vida, quienes sufren detenciones arbitrarias, las personas sometidas a la prostitución, los pobres que son víctimas de los egoísmos e injusticias de nuestro sistema económico, quienes sufren las consecuencias de las guerras, quienes sufren las consecuencias de la ideología de género, las víctimas de los abusos sexuales, las mujeres que sufren violencia,…etc. Solo podemos anunciar con credibilidad la esperanza cristiana en la Vida Eterna, si defendemos la dignidad de la vida humana de todas las personas. Nuestro compromiso por la vida debe extenderse a todos los momentos y situaciones: no es cristiano defender la vida en el comienzo o el final y justificar, provocar o desentenderse de los dramas que viven aquellas personas cuya dignidad no es respetada. Tampoco corresponde a una visión cristiana de la vida considerar el aborto y la eutanasia como un derecho y justificarlos socialmente.

Los cristianos estamos llamados a ser sembradores de esperanza luchando por la vida y por la dignidad de todas las personas. En este año jubilar debemos sembrar esperanza en el corazón de los enfermos que necesitan ser acompañados en los momentos críticos de su enfermedad; de los jóvenes que a menudo ven cómo sus sueños se derrumban; de los migrantes acogiéndolos y ayudándoles a que puedan vivir dignamente; de los exiliados para que vivan en la paz que buscan; de los ancianos para que no se sientan solos y abandonados; de los pobres para que tengan lo necesario para vivir; de las familias que tienen miedo de acoger una nueva vida; de los que están en la fase última de la vida para que no pierdan la confianza en Dios y la paz.

También sembramos esperanza cuando nos comprometemos para que se creen unas condiciones sociales y un marco legislativo que favorezcan la natalidad y creen las condiciones para que las personas puedan afrontar el final de esta vida con dignidad, de modo que nadie sienta la tentación de desear la muerte. Una sociedad y una cultura que lleven a vivir el comienzo y el final de la vida como una amenaza siembran desesperanza. Solo un mundo que valore, promueva y defienda la vida humana y su dignidad en todos los momentos y situaciones, desde la concepción hasta su fin natural vive desde la esperanza.

  • Enrique Benavent Vidal es arzobispo de Valencia.
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