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Andrés Montero
Andrés Montero

La izquierda chilena se prepara para ser oposición en las elecciones presidenciales de noviembre

La izquierda organiza marchas, huelgas y potencia demandas sociales que ellos mismos nunca fueron capaces de satisfacer

Actualizada 04:30

Cientos de personas marchan hoy contra la inmigración irregular y para pedir seguridad en la ciudad de Iquique (Chile). Centenares de personas se manifestaron este domingo en la ciudad de Iquique contra la migración ilegal en el norte de Chile, donde existe desde hace meses una grave crisis migratoria y de inseguridad. Al grito de "Basta ya" y agitando banderas de Chile, los manifestantes marcharon por el centro de esta ciudad costera, a la que llegan la mayoría de los migrantes que cruzan diariamente por pasos ilegales en la frontera con Bolivia

Cientos de personas marchan contra la inmigración irregular y para pedir seguridad en la ciudad de Iquique (Chile)EFE

El desastroso gobierno chileno liderado por el joven Gabriel Boric ha profundizado una ya grave crisis económica, política y social. Al entrar en el último año del gobierno «frenteamplista», Chile enfrenta una feroz amenaza en su seguridad interna, una economía estancada y un endeudamiento del Estado en niveles de alto riesgo.

En noviembre de 2025 tendrán lugar las elecciones presidenciales. La expresidenta marxista Michelle Bachelet ha declinado ser candidata para un tercer periodo, y por ahora la izquierda ya ha mostrado su primera carta en Carolina Tohá. La que fuera alcaldesa de Santiago —de lamentable desempeño—, y hasta hace unos días ministra del interior de Gabriel Boric, ha renunciado a su cargo para ir tras el sillón presidencial. Todo indica que la ultraizquierda chilena presentará también algún candidato para la primera vuelta.

Lo mismo se repite en una derecha, hasta ahora muy fraccionada, con 3 precandidatos en carrera. La ex ministra y alcaldesa Evelyn Matthei es la candidata de la centroderecha y los derechistas José Antonio Kast y Johannes Kaiser también aspiran a participar en las elecciones de primera vuelta. Todo indica, hasta ahora, que en Chile la oposición volverá al poder. En este escenario, la izquierda chilena, en todas sus expresiones, ya se posiciona en el próximo gobierno en la oposición.

El aparataje «progresista», cuando no está en el gobierno, tiene poco trabajo, toda vez que su actividad principal es «mamar» del Estado todopoderoso. La mayoría de ellos gana en puestos de gobierno, probablemente el doble de lo que ganarían en el sector privado. Los miles de asesores de la izquierda, cuando son oposición, se «reubican» en organismos internacionales, universidades, ONGs o se van a «estudiar» al exterior con becas conseguidas mientras están el gobierno. Los progres, desde la oposición, tienen como objetivo bloquear cualquier iniciativa del Gobierno legítimo.

La izquierda organiza marchas, huelgas y potencia demandas sociales que ellos mismos nunca fueron capaces de satisfacer. Cómo en Chile el gobierno dura cuatro años y los daños que dejará el actual Gobierno en el país son inmensos, es imposible reconstruir rápido y más aún con una oposición obstruccionista.

El presidente de Chile, Gabriel Boric y la ministra de Trabajo Jeannette Jara

El presidente de Chile, Gabriel Boric y la ministra de Trabajo Jeannette Jara@GabrielBoric

En el año que le queda a Boric en el Gobierno, intentarán usufructuar del Estado lo más posible, para juntar víveres e insumos para el duro invierno que les espera. También se ocuparán de borrar evidencias que pudieran comprometerlos en futuras auditorías de los organismos públicos. Por todo lo antes expuesto, Chile necesita urgentemente la unidad de las derechas y un programa de gobierno durísimo, que permita recuperar la seguridad interna.

Esto se logra entregando sin complejos herramientas a las policías para que puedan ejercer su labor. En lo económico es prioridad en Chile eliminar «la grasa» que inmoviliza al sector público. El Estado está repleto de funcionarios protegidos por un sistema perverso que no premia o castiga a eficientes y vagos. Si la derecha llega al poder y propone más de lo mismo, no logrará cumplir con las expectativas de ciudadanos cansados de políticos que se ocupan de proteger primero a sus partidos y no a Chile, como primera prioridad. Se especula que el plan de Boric, sería volver en cuatro años más, con más experiencia y apostando al fracaso de un Gobierno de derecha que ya «avizoran» como probable.

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