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En primera líneaGustavo de Arístegui

El espejo de la Historia

Donald Trump en la senda de James Buchanan y Herbert Hoover: la negación de Dwight Eisenhower y Ronald Reagan

Actualizada 01:30

Los inicios de la presidencia de Donald Trump no han podido empezar de manera más polémica y preocupante por la batería de medidas adoptadas en las primeras semanas de mandato que pueden tener consecuencias muy graves y duraderas, quizás efectos irreversibles, para la libertad, la estabilidad económica, el libre comercio, la paz, la seguridad y la estabilidad geopolíticas. Para comprender mejor su impacto y legado, resulta escalofriante comprobar que Trump 2.0 sigue la desastrosa y dramática senda de dos presidentes James Buchanan (1857-1860), Herbert Hoover (1929-1933), cuyos trágicos y desastrosos legados fueron repudiados por la historia que los ha colocado en un lugar muy destacado de su basurero.

El

Lu Tolstova

Ambos contrastan con Dwight Eisenhower y Ronald Reagan. Los dos campeones de la libertad, el libre comercio y el firme liderazgo del mundo libre. El primero, verdadero arquitecto del vínculo trasatlántico, padre de la OTAN y de la defensa de Europa. El segundo defensor a ultranza de los valores comunes a todas las democracias liberales del mundo y el más brillante adalid de la alianza con Europa y luchador infatigable por la libertad de los pueblos del este de nuestro continente que se encontraba bajo el brutal, implacable y asesino yugo del bloque soviético-comunista y de su despiadado amo la URSS.

James Buchanan: La dramática sombra de la devastadora división de la guerra de secesión

Buchanan, decimoquinto presidente de Estados Unidos, es recordado por su incapacidad para prevenir la Guerra Civil, un conflicto que desgarró al país en con un odio fratricida que perduró más de un siglo y cuyas heridas nunca sanaron del todo. Su Administración se caracterizó por la polarización política y la formación de un gabinete sumiso incapaz de contradecir al presidente y advertirle de las irreparables consecuencias de sus políticas. La cobardía y sometimiento ante el poder que exige fidelidad y desprecia la lealtad a la nación antes que al líder y exige sumisión ante el poder, es el camino directo al desastre. Y así fue.

En este sentido, existen paralelismos notables con la administración de Trump. La tendencia del expresidente a rodearse de secretarios de departamento y asesores de ciega fidelidad, incapaces de cuestionar al jefe y advertirle de los riesgos de sus disparatadas decisiones. El problema estriba, además, en que todos ellos fueron nombrados por tener una visión (casi escribo cosmovisión, lo que habría degradado seriamente la importancia del término) idéntica a la del jefe. Todo esto sin cuestionar, el origen, el fundamento (si es que se puede hablar de eso) las causas ni las consecuencias de las órdenes del presidente, imitando, casi todos ellos, su estilo de liderazgo polémico y divisivo.

La polarización política, exacerbada por las redes sociales y los medios de comunicación, ha sido un rasgo distintivo de la era Trump, recordando la atmósfera de tensión que precedió a la Guerra Civil. Como dijo el historiador David Blight, «la incapacidad de Buchanan para unir al país es un recordatorio de lo que puede suceder cuando el liderazgo se convierte en un juego de poder en lugar de un esfuerzo por la unidad».

Herbert Hoover: La tormenta perfecta de las políticas proteccionistas

Hoover, trigésimo primer presidente, es conocido porque su gestión fue la causa principal de la Gran Depresión. Sus políticas económicas, incluyendo la Ley Arancelaria Smoot-Hawley, que impuso aranceles proteccionistas generalizados e indiscriminados, son la causa fundamental de convertir la recesión en fatídica depresión.

Las guerras comerciales impulsadas por Trump, con la imposición de aranceles a Canadá y México (sus principales socios comerciales) a Europa, el club de democracias liberales más importante y el primer mercado de consumidores del mundo, es pura y simplemente un dislate económico, político e histórico imposible de justificar o tan siquiera explicar. Los aranceles a China y otros países van a encarecer el coste de la vida y provocar una peligrosa espiral inflacionista que será muy difícil de controlar. Todo esto nos evoca las políticas proteccionistas de Hoover, y nos hace sentir escalofríos cuando pensamos en los resultados de aquellas. Es verdad que las circunstancias económicas son diferentes, pero el riesgo de desencadenar una guerra arancelaria y sus devastadoras consecuencias económicas son muy similares.

Dwight Eisenhower: El primer republicano Internacionalista y su valioso legado

Eisenhower, trigésimo cuarto presidente de los EEUU, fue un firme defensor del internacionalismo y la cooperación multilateral como medio más eficaz para defender a las democracias de la tiranía comunista y su hijo: el brutal régimen soviético. Su liderazgo durante la Guerra Fría se caracterizó por la construcción de alianzas sólidas, como la OTAN, de la que es el principal arquitecto y la promoción del libre comercio como elemento esencial del fomento de la prosperidad y la libertad.

El enfoque aislacionista de Trump, contrasta radicalmente con el internacionalismo de Eisenhower que dijo: «La paz no puede ser mantenida por la fuerza; solo puede ser lograda por la comprensión». A pesar de lo que pueda parecer, esto nada tiene que ver con el «buenismo» falsamente pacifista de tantos líderes del siglo XXI. Es una afirmación que sale del corazón de quién conoció mejor que casi todos, las devastadoras consecuencias de la guerra que pretendía evitar sin renunciar a la defensa de la libertad, sin rendirse y sin renunciar a la disuasión que sólo es creíble y efectiva desde la fuerza prudente y serena.

Ronald Reagan: El defensor de la libertad y del libre mercado

Reagan, cuadragésimo presidente, fue un ferviente defensor del libre mercado y la, entonces, incipiente globalización. Sus discursos radiofónicos de marzo y noviembre de 1988, verdaderas joyas del liberalismo político y económico, destacaron la importancia del libre comercio para la libertad y la prosperidad.

Mientras que Reagan abogó por la apertura económica y la reducción de barreras comerciales, Trump adoptó un enfoque rigurosamente proteccionista de catastróficas consecuencias económicas para todos. En sus discursos, Reagan afirmaba: «El libre comercio es un camino hacia la paz y la prosperidad» y «las barreras arancelarias son la negación misma de los principios fundacionales de los EE.UU.»

La comparación Buchanan y Hoover y quien parece seguir sus pasos, el presidente Trump, con Eisenhower y Reagan pone de manifiesto que esta Administración estadounidense está muy lejos, casi en las antípodas, de quienes han sido los campeones de la libertad y el libre comercio como impulsor de la misma y el motor más eficaz de prosperidad y progreso para la humanidad.

  • Gustavo de Arístegui es embajador de España
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