
La vicepresidenta Yolanda Díaz y los secretarios generales de UGT, Pepe Álvarez, y de CCOO, Unai Sordo
El error garrafal de Yolanda Díaz con la reducción de jornada: no ha funcionado en Europa en los últimos 20 años
Destruye empleo, hace desaparecer empresas y ni siquiera sirve para conciliar mejor
«Muchas pequeñas empresas y autónomos tendrán que cerrar si se aplica la reducción de la jornada»
la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, está empeñada en sacar adelante su reducción de la jornada laboral, que en los últimos veinte años ha tenido efectos nada deseables en Europa.
El ejemplo más claro es el de Francia. Su introducción de la semana laboral de 35 horas en el año 2000 llevó a la destrucción de empleo, el aumento de la precariedad, el descenso de la competitividad y el empeoramiento de los déficits públicos, porque alguien tiene que pagar ese descenso en las horas de trabajo (que además en España quiere hacerse sin disminuir el salario). En Alemania, el sindicato IG Metall, el mayoritario en Volkswagen, reconocía hace unos años que sin una ayuda estatal la jornada de 28 horas aplicada en la crisis de 1990 y 2008 no era viable ni para los trabajadores ni para la industria, y eso significa más impuestos.
Empresarios y economistas están avisando de los problemas que puede traer la nueva medida de Díaz. En Cataluña la patronal Foment del Treball ya está anunciando reestructuraciones en las empresas y paralización masiva en las renovaciones de los convenios colectivos. El economista Lorenzo Bernaldo de Quirós señala que «la experiencia de reducción de jornadas laborales aplicadas en Europa en los últimos veinte años ha sido un fracaso. No solo no han creado empleo por la idea de repartirlo, sino que han destruido parte del que había», añade.
Una medida innecesaria y no demandada
El experto en el mercado laboral Valentín Bote, director de Randstad Research, afirma que la reducción de la jornada «no era una reforma necesaria», ya que ya hay muchas personas de muchos sectores trabajando menos de 37,5 horas.Encasilla la medida dentro del marco ideológico de la ministra, ya que tampoco se trata de una medida demandada por la sociedad: «No he visto grandes manifestaciones para quejarse de lo larga que es la jornada laboral y de lo difícil que es conciliar», indica.
Para colmo del absurdo, incide en que la reducción de la jornada se calcula de manera anual, no semanal, de modo que «las horas de trabajo semanales van a ser las mismas. Se va a conciliar igual o peor que antes, aunque se van a tener más días de vacaciones. Va a ser un sobrecoste para las empresas que no va a mejorar la conciliación. Las semanas van a ser igual de intensas que antes».
La reducción de la jornada nos va a hacer menos productivos, y tiene derivadas a las que no se le ve sentido: «¿Cómo se va hacer el mismo trabajo en menos horas? ¿Va a hacer un dependiente lo mismo en 7,5 horas que en 8? ¿Los camareros van a trabajar más rápido que antes? ¿No lo hacían antes suficientemente rápido?», se pregunta Bote.
Este experto en el mercado laboral ve que vamos a ser menos competitivos antes de que pasen cinco años, y que hay sectores que van a pasarlo especialmente mal, como por ejemplo el industrial, que suele tener tres turnos de ocho horas: «Va a hacerles mucho daño», estima.
Desde luego, también lo pasarán mal otros, como la hostelería, pero Díaz parece tenerlo todo pensado: un sistema de ayudas compensará la pérdida de competitividad: «¿Y de dónde saldrá ese dinero? De pagar más impuestos. Se trabajará menos para ganar lo mismo, pero se pagarán más impuestos».
La recomendación de Bote es que el Gobierno no se meta donde no debe y deje que la negociación se lleve a cabo entre la empresa y los trabajadores, que son quienes conocen su situación y lo que pueden hacer. Si no se hace así y se reduce la jornada como proyecta Díaz, economistas como José María Rotellar auguran un final poco feliz: «Las grandes empresas podrán absorber la subida de costes traspasándola a los consumidores, pero las pequeñas y medianas, y los autónomos, tendrán que cerrar o despedir trabajadores».