
Al igual que el estrés en las madres tiene un efecto sobre el bebé, también lo tiene que el padre esté estresado
Paternidad
El estrés de los padres está relacionado con problemas de conducta de los hijos a los dos años
El bienestar emocional del padre también influye en su descendencia. Así lo concluye el último estudio del Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del King´s College de Londres
El estrés no solo afecta a quien lo sufre. En el caso de los niños, las evidencias científicas apuntan que, tanto durante el embarazo como después, los hijos son perjudicados indirectamente por el agobio que pueda sufrir su madre. Distintos estudios han demostrado cómo la salud mental puede influir de manera decisiva en el nacimiento de un bebé y en su posterior desarrollo.
Así, cuando una madre experimenta altos niveles de ansiedad, agobio o estrés durante la gestación corre un mayor riesgo de que su parto sea prematuro. Esta misma montaña rusa de emociones, conocida como labilidad gestacional, parece provocar que los niños estén más tristes, sean más miedosos o angustiosos.
No obstante, en el caso de los padres esa relación no ha estado tan clara, hasta ahora. Una recién publicada investigación del Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del King´s College de Londres, en colaboración con el Instituto Finlandés de Salud y Bienestar, la Universidad de Helsinki y la Universidad de Tampere (Finlandia), ha puesto en relación la salud mental del progenitor, concretamente su nivel de estrés durante el periodo perinatal –aquel inmediatamente posterior al nacimiento–, con unos mayores problemas emocionales y de conducta de sus hijos, al cumplir los dos años.
A partir de los datos de un estudio de cohorte llevado a cabo en Finlandia con 901 padres y 939 madres a los que se pasó un cuestionario, los autores han mostrado que cerca del 7 % de los padres experimentaron un elevado estrés en los cuarenta días tras el parto –el puerperio–. A los dos años de vida, este porcentaje subió al 10 %.A todos los encuestados se les preguntó acerca del estrés, ansiedad, depresión durante el embarazo (en la semana 32), y tres etapas después de que naciera su hijo (a los tres, ocho y 24 meses). A través de los cuestionarios y comparando los resultados entre padres y madres, los autores destacan una relevante novedad: el estrés del padre es determinante en el niño, incluso teniendo en cuenta otros factores como la ansiedad o la depresión que pueda padecer la madre.
Y a medida que pasa el tiempo, en vez de bajar el estrés y el agobio de una nueva vida, sigue subiendo. Los investigadores sugieren que detrás de esta escalada a los 24 meses de vida del hijo se esconden los problemas de conciliación, la falta de sueño y el comportamiento de los terribles dos años, una etapa marcada por la intensidad emocional que muestran los pequeños.
Aunque de momento no se han concretado los efectos sobre el comportamiento de los niños, lo que sí han destacado los autores del estudio es que los padres que sufren estrés son menos propensos que sus parejas, las madres, a decir lo que necesitan y a buscar ayuda. En este punto, también inciden en que los programas de atención perinatal, por ejemplo, los de depresión posparto, están dirigidos a las madres, y la figura paterna queda excluida.