
Detalle de cubierta
'Ubi sunt': el debate acerca de dónde están los cristianos dentro de la batalla o diálogo cultural
Colección de diferentes contestaciones directas o implícitas a una pregunta que lanzó Diego Garrocho hace cinco años. Desde María Calvo o Enrique García-Máiquez hasta Higinio Marín o Mariona Gúmpert
Ricardo Calleja es doctor en Filosofía del Derecho, y ha pasado temporadas académicas en Nueva York y Washington, entre otras localidades de la América donde hablan inglés y también de la América donde hablan castellano. Es miembro del claustro del IESE, donde su tarea la definen como «Lecturer de Ética Empresarial». Organiza con mucha frecuencia actividades culturales y hace un par de años editó un compendio de textos de Benedicto XVI con el título Vivir como si Dios existiera (Encuentro). Se trataba de un libro que intentaba servir como asiento de un debate cultural, y, al comienzo de sus páginas, Jaime Mayor Oreja señalaba que ofrecía «luz en momentos de oscuridad» gracias a reflexiones caracterizadas por «su acertado y profundo diagnóstico de la sociedad en la que vivimos». En esta ocasión, Calleja se ha esforzado en reunir una serie de respuestas a esa pregunta que Diego Garrocho lanzaba en El Mundo en noviembre de 2020: «¿Dónde están los cristianos?».

Ediciones Cristiandad (2024). 322 páginas
Ubi sunt? Intelectuales cristianos. ¿Dónde están? ¿Qué aportan? ¿Cómo intervienen?
Aquella columna de Garrocho –en la que decía: «lo lejos que se encuentran los postulados de Vox en la Doctrina Social de la Iglesia»; «una sociedad huérfana de sentido como la nuestra tiende a procurarse nuevos ídolos cada poco tiempo»; «el propio Joseph Ratzinger o filósofos como Gianni Vattimo o Rémi Brague supieron prolongar la influencia cristiana en el marco de la discusión pública, como previamente habrían hecho los representantes del personalismo francés o incluso la teología de la liberación»; «hoy nadie escribe en público el rendimiento conceptual del perdón, la misericordia o la esperanza de las bienaventuranzas»– generó un debate en torno a dos grandes ideas. La primera, acerca de los intelectuales cristianos. ¿Hay intelectuales cristianos hoy? ¿En España, en Francia, en Estados Unidos? Lo segundo: ¿qué influencia tienen en el debate de las ideas, en la opinión pública? Respuestas bien dispares surgieron, desde la pluma de Miguel Ángel Quintana Paz hasta la de Juan Arana. Ambas contestaciones, y otras más, se hallan en este volumen que edita Calleja.
Sin embargo, Calleja no se ha limitado a reunir diversas columnas que fueron apareciendo tras aquella primera chispa que brotó de la yesca de Garrocho. Ha pretendido engarzar textos –algunos ya publicados; otros ad hoc– que ayuden a situar el grado de influjo del pensamiento cristiano en los temas que se discuten a menudo, e incluso aportar cuál sería el criterio católico en los asuntos de mayor relevancia actual. Aquí entran, por tanto, posturas como la de Estrella Fernández-Martos, la de Mariona Gúmpert, Daniel Capó, María Calvo, Pablo Velasco o incluso el propio papa Francisco. Javier García Herrería escribe acerca de hasta qué punto los colegios católicos ayudan a formar a los católicos y si son lugares idóneos en donde generar intelectualidad católica. Feminismo, batalla cultural, universidad, el legado de Tomás de Aquino, la necesidad de la caridad a la hora de argumentar, e incluso la impronta de movimientos laicales –desde Opus Dei hasta Comunión y Liberación– en estas dinámicas. Por supuesto, hay hueco para profesores de universidades como la de Navarra, CEU o Francisco de Vitoria.
Este libro coral se completa con dos aportaciones sobresalientes. Por un lado, Enrique García-Máiquez despliega un texto bien elaborado en que se empeña en pensar bien de los demás, en aprovechar cuanto de positivo haya en discursos tan diferentes como el de Irene Vallejo, Gonzalo Altozano, Ana Iris Simón, Gregorio Luri, Michel Houellebecq, o Byung-Chul Han. Esta bonhomía –la hidalguía que tanto predica– es un ejemplo no sólo de una actitud elegante, sino un modesto y confiado conato de balbucear lo que García-Máiquez intuye que es la mirada de Dios.Calleja, como buen conocedor de la esencia del cristianismo, ha secundado a García-Máiquez, y ha reservado para el final el mejor vino, igual que en Caná. Porque, como venía a decir García-Máiquez en Gracia de Cristo (Monóculo, 2023), el cristianismo es «una fiesta, chin–chin». Y ese vino postrero –anuncio quizá del vino definitivo– lo ha fermentado Higinio Marín en un epílogo con preguntas que nos hacen revolvernos, en vez de asistir pasivos a una lección magistral. Dice Marín: «desde la caída del Muro, todas las democracias occidentales se han deslizado hacia un neoconfesionalismo de aspiraciones globales, genealogía revolucionaria y protagonismo estatal». El rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera (Valencia) se refiere a «la alineada unanimidad» con que en nuestros días se impone «un nuevo sentido común decididamente postcristiano».
Así que Marín afirma: «no es poco descaro comparecer como cristianos e intelectuales, ya sea concibiendo un término o el otro como lo sustantivo, en un panorama monocolor y con unanimidades institucionalizadas, donde lo cristiano son las ruinas en demolición para construir un mundo refractario y cancelatorio de lo anterior». Marín apostilla su análisis subrayando el carácter laical de los nuevos intelectuales cristianos y su modo de involucrarse en las cuestiones en liza, en las cuales se expresan con voces muy heterogéneas.