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Contaminación por el humo de una fábrica en Colonia, Alemania

Contaminación por el humo de una fábrica en Colonia, AlemaniaZUMA vía Europa Press

Captura de carbono: ¿mito verde o realidad difícil de aplicar?

Esta técnica, que ya aplican varias potencias, consiste en separar el CO2 y transportarlo a un lugar de almacenamiento geológico para aislarlo de la atmósfera a largo plazo

La ambición para los próximos años por parte de la mayoría de potencias mundiales pasa por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Además de la transición a energías renovables, se están poniendo en práctica otras medidas, como la captura de carbono.

Esto tiene como objetivo capturar y almacenar el dióxido de carbono (CO2) generado por la quema de combustibles fósiles antes de que se emita a la atmósfera. Consiste en separar el CO2 emitido por la industria y la generación de energía en los procesos de combustión y transportarlo a un lugar de almacenamiento geológico para aislarlo de la atmósfera a largo plazo.

Aunque suena bien y se presenta como una herramienta prometedora para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, su implementación actual plantea serios interrogantes sobre su sostenibilidad y eficacia real, fundamentalmente debido a su alto coste y a los problemas que conlleva su almacenamiento.

Lo ideal sería dar salida a ese carbono capturado, pero la realidad es que, en un alto porcentaje, lo único que se puede hacer es almacenarlo. No obstante, la Agencia Internacional de la Energía (IAE) ya ha advertido que esa captura no es permanente, sino que es de un año para los combustibles y hasta diez para los productos químicos, por lo que terminaría igualmente en la atmósfera.

Enorme cantidad de energía

Para llevar a cabo esta captura de CO2 es necesaria una enorme cantidad de energía, por lo que en muchos casos se termina utilizando la que proviene de combustibles fósiles. Esta situación es contradictoria, puesto que para capturar gases de efecto invernadero estaríamos generando más durante el proceso.

Las plantas de captura necesitan operar maquinaria, calentar compuestos químicos o transportar el CO2 capturado, actividades que suelen depender de fuentes no renovables debido a la falta de infraestructura energética limpia a gran escala.

Igualmente, realizar todo este proceso es aún muy costoso económicamente hablando. De momento, los grandes almacenes de CO2 se sitúan en el Mar del Norte, por lo que sería necesario construir nuevos espacios en el sur y el este de Europa para que el transporte no contribuya a agrandar esa huella de carbono que se quiere reducir.

Las opiniones generales sobre esta práctica, además, no son muy positivas. El Institute for Energy Economics and Financial Analysis (IEEFA) analizó 13 grandes instalaciones de captura y almacenamiento de carbono en funcionamiento que suman alrededor del 55 % mundial y concluyó que la tecnología «no funciona» y que los resultados de la mayoría de iniciativas «están muy por debajo de lo esperado».

¿Es seguro almacenar CO2 bajo la tierra?

Estos almacenes subterráneos funcionan inyectando CO2 capturado en formaciones de roca porosa y permeable ubicadas a gran profundidad. Este gas se transporta, principalmente a través de tuberías, hasta los lugares de almacenamiento, donde es introducido en el subsuelo mediante pozos de inyección distribuidos a varios kilómetros de distancia. Dado que el CO₂ es menos denso que el agua salina presente en los poros de la roca, tiende a ascender.

Para evitar fugas, es esencial que estas formaciones estén cubiertas por una roca sello de baja permeabilidad, que actúa como barrera natural e impide el escape del gas hacia acuíferos o la atmósfera. Investigaciones recientes en Geophysical Research Letters han analizado la seguridad del almacenamiento de CO₂ a gran escala durante un millón de años. Los resultados confirman que los sistemas geológicos con múltiples capas de rocas permeables y sellos proporcionan una retención segura. Aun si las rocas sello presentaran fracturas, la configuración multibarrera impediría que el gas se libere completamente.

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