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Aquilino Cayuela
Aquilino Cayuela

La Turquía de Erdogan, en camino de la autocracia plena

Al apartar al alcalde de Estambul de la carrera presidencial, el gobierno turco ha cruzado la línea que separa el competitivo sistema autoritario de Turquía de una autocracia total al estilo ruso

Actualizada 04:30

La policía de Turquía dispersa con gas pimienta a manifestantes que se oponen al Gobierno de Erdogan

La policía de Turquía dispersa con gas pimienta a manifestantes que se oponen al Gobierno de ErdoganKemal Aslan / AFP

Recep Tayyip Erdogan lleva más de dos décadas en el poder y ha desmantelado las instituciones democráticas de Turquía, consolidando su control en un sistema de gobierno unipersonal.

Erdogan y su partido, tras un fallido intento de golpe de Estado por parte de oficiales militares en 2016, pusieron todo el poder judicial bajo su autoridad purgando a miles de jueces y reemplazándolos por leales que aprueban automáticamente sus medidas represivas.

Los medios de comunicación han sido amordazados; más del 90 % de los medios de comunicación turcos son propiedad de empresas progubernamentales, y los periodistas independientes son encarcelados habitualmente.

El país sigue celebrando elecciones, pero el sistema está muy sesgado. Es un caso de manual de un régimen autoritario competitivo, que imita la democracia mientras inclina sistemáticamente el campo de juego a favor del partido gobernante. Los partidos de la oposición están activos, hay verdaderos debates públicos sobre política y los gobernantes a veces pierden. Sin embargo, con un gobierno que controla el poder judicial, reprime a los medios de comunicación independientes y utiliza las instituciones estatales como arma para debilitar a sus oponentes, la competencia electoral está lejos de ser justa.

Pero el último paso ha supuesto el encarcelamiento de su principal opositor, el alcalde de Estambul Ekrem Imamoglu, apenas unos días antes de que el principal partido de la oposición de Turquía lo seleccionara como próximo candidato presidencial. Con este descarado acto de represión política, el gobierno turco ha dado un paso trascendental hacia la autocracia en toda regla. Un tribunal de Turquía lo encarceló, por cargos de corrupción.

Desde ese momento el régimen autoritario del presidente Recep Tayyip Erdogan ha intensificado la represión contra la oposición. El plan para sacar a Imamoglu de la contienda fue calculado y minucioso. El martes, la universidad de Estambul, alma mater de Imamoglu, le revocó el título (por ley, los candidatos presidenciales turcos deben poseer títulos universitarios) alegando supuestas violaciones de las normas de la Junta de Educación Superior. Al día siguiente, Imamoglu fue detenido acusado de corrupción y terrorismo. Estas sentencias judiciales no solo descarrilan sus ambiciones presidenciales, sino que también le destituyen de su cargo de alcalde de la mayor ciudad y potencia económica de Turquía.

Durante años, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan ha estado eliminando los controles sobre su propio poder y manipulando las instituciones estatales para dar ventajas electorales a su partido, pero hasta ahora, la oposición turca ha sido capaz de presentar candidatos viables para disputarle el poder. En Imamoglu, los grupos de la oposición pensaron que habían encontrado un candidato idóneo para derrotar a Erdogan en una carrera cara a cara.

Al forzar al alcalde de Estambul a abandonar la política, el gobierno ha cruzado la línea que separa el competitivo sistema autoritario de Turquía de una autocracia total al estilo ruso en la que el presidente elige a sus oponentes y las elecciones son puramente un espectáculo. Este arresto representa un punto de inflexión peligroso para Turquía que, después de años de un autoritarismo de desarrollo lento, pero constante, corre el riesgo de convertirse en una autocracia en toda regla.

Aun así, el gobierno de Erdogan sigue siendo vulnerable mientras los candidatos de la oposición puedan disputar las elecciones. Su margen de victoria suele ser relativamente estrecho; en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2023, Erdogan ganó con el 52 % de los votos.

A veces ha recurrido a medidas más extremas para mantenerse en el poder, ya en las elecciones municipales de 2019 en Estambul, cuando Imamoglu derrotó al candidato del partido de Erdogan, las autoridades anularon el resultado y forzaron una repetición, solo para que Imamoglu volviera a ganar por un margen mayor.

La táctica más peligrosa de Erdogan es encarcelar a sus rivales más fuertes así hizo con Selahattin Demirtas, carismático político kurdo que desafió a Erdogan en las presidenciales de 2014 y 2018. Éste lleva entre rejas desde 2016 por dudosos cargos de terrorismo. El actual rival, Imamoglu, también fue condenado a una pena de prisión en 2022 por insultar a un funcionario público.

Erdogan no solo quiere proteger su presidencia, sino también recuperar Estambul y está ahora peligrosamente cerca de conseguir lo que quiere, en un camino similar al que tomó Putin en Rusia para hacerse con todo, hace dos décadas.

Sánchez es el líder europeo y del entorno mediterráneo que más se acerca a estas formas de Erdogan en su camino decidido para una autocracia plena

Sánchez es el líder europeo y del entorno mediterráneo que más se acerca a estas formas de Erdogan en su camino decidido para una autocracia plena. Sánchez y su equipo de la Moncloa persiguen, desde hace tiempo, y con todas sus fuerzas quitarse de en medio a la Presidenta de Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, la más carismática opositora. Al punto de implicar al fiscal general del estado en un trama sucia para relacionarla con asuntos de corrupción, algo que se ha vuelto contra ellos.

Son todo un modelo de camino lento hacia una autocracia. Pedro Sánchez Castejón es el más claro ejemplo de gobernante europeo antidemocrático, que rechaza las reglas y practica un continuo forzamiento de los límites, abusando de medidas extra constitucionales. Es un modelo de gobernar con una dictadura de minorías, un ejemplo de negación de la legitimidad de su oposición política. Un ejemplo de comprar y silenciar sindicatos y medios de comunicación para acallar las evidencias de corrupción en su gobierno. En estos puntos Erdogan y Sánchez se pueden dar la mano.

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