La inmediatez en la vida
La autenticidad es la consecuencia de tener una personalidad fuerte, coherente con nuestras ideas sabiendo que es necesario defenderlas y mantenerlas y eso va en dirección contraria de la rapidez de nuestra naturaleza. Hay que ser ágil con nuestras decisiones lo que no quiere decir que atolondrado
Hoy todo es urgente. Hay que hacerlo para ayer, como dicen los clásicos. Falta tiempo para hacer las cosas correctamente. Todo va deprisa, sin tiempo para reflexionar. Las relaciones humanas pivotan sobre las prisas. Nadie se para en la conversación lenta y reposada, aquella que proviene de la reflexión, del correr del tiempo lentamente, de ver cómo transcurren los acontecimientos con los ojos del reposo, del comedimiento recogido en una sensata conversación, en un discurso ponderado, fruto del juicio razonado y recogido.
La deliberación no es producto de nuestro tiempo. La juventud quiere las cosas para ya y los acontecimientos de la sociedad caminan acorde con esta perentoriedad. La premura de las acciones es la tónica de nuestro tiempo. No hay lugar para desarrollar una creatividad positiva, una conveniente cultura de la observación y un asombro saludable. Todo va en contra de estos asertos.
El crecimiento personal nos permite ampliar nuestro conocimiento y perspectiva de lo que nos rodea y si vamos deprisa no tendremos tiempo de conseguirlo. Es necesario llegar a tener nuestro máximo potencial con un viaje interno a nuestro yo, a nuestra conciencia, valorando lo positivo que tenemos y haciendo que lo negativo se transforme en favorable y tengamos una vida más plena. Si seguimos unas pautas de educación, de relaciones personales, conversaciones reposadas y miradas a nuestro entorno, conseguiremos un bienestar emocional. Los apresuramientos no llevan a buen lugar.
El crecimiento personal tiene varias facetas, el emocional, el espiritual, el profesional, el físico y el intelectual. Creo que están bastante claros los objetivos de cada uno. Una mezcla de todos ellos nos llevará lentamente a una meta más saludable mejorando la autoestima, conseguir una mayor autenticidad y pertrecharnos de una mayor confianza en el futuro que, aunque difícil, se puede conseguir.
La inmediatez no conduce a mejorar nuestras relaciones personales que, generalmente, son superficiales. Tenemos que profundizar en ellas y todo a través de la conversación. Es la palabra reposada lo que nos defenderá del entorno que, aunque se muestre agresivo, es posible cambiarlo en parte si actuamos con nuestro encuentro interior, favoreciendo las fortalezas y tratando que nuestras habilidades se desarrollen y alcancen un nivel de excelencia. Ampliar nuestro punto de vista, ensanchar nuestra capacidad de síntesis y razonamiento, hará que nuestro escenario de vida sea más eficiente. Por eso la inmediatez, muchas veces, no es buena.
La autenticidad es la consecuencia de tener una personalidad fuerte, coherente con nuestras ideas sabiendo que es necesario defenderlas y mantenerlas y eso va en dirección contraria de la rapidez de nuestra naturaleza. Hay que ser ágil con nuestras decisiones lo que no quiere decir que atolondrado. La política está llena de decisiones rápidas, sin contrastar, sin evaluar los pros y los contras. Lo estamos viendo todos los días y últimamente en un mayor grado. Al no ponderar las decisiones, no evaluar los distintos puntos de vista, sucede lo que estamos viendo a diario. Se toman acuerdos sin substanciar y que, a las pocas horas, se muestran equivocados. La contumacia de los políticos hace que no se responda adecuadamente y el problema cada vez se complica más. Esto se debe a la prontitud en los juicios y en las resoluciones. Quizás se hace un buen diagnóstico, pero un mal tratamiento. Lo que ha sucedido en el enfrentamiento entre Ucrania y EE.UU. no es nada más que reflejo de esta toma de decisiones rápida. Si el diagnóstico era parar la guerra y llegar a la paz, el tratamiento empleado no es el más oportuno. De todas las soluciones que están en el tablero de la geopolítica se ha tomado la peor. Y lo malo es que todo depende de un hilo. El cambio de actitud ante los aranceles de un día para otro, las manifestaciones políticas con comentarios fuera de lugar y muchas veces falsos, no hacen nada más que ahondar en este problema y si eso lo unimos al relativismo de la sociedad, tendremos el cóctel perfecto. Es una línea divisoria entre lo bueno y lo malo que no se ha llegado a solucionar y todo permanece en la profundidad del pozo, si cabe con un resultado peor. Este galimatías sazonado con el odio que brota en cada lugar, nos lleva a un desastre moral y ético. Las personas no hablan, mascullan palabras cargadas de animadversión.
Habrá que ver que nos depara el destino, pero todo demuestra que la inmediatez no es buena. «Las prisas no son buenas» dice un proverbio de la cultura popular y qué razón tiene. Hay que ser más comedido, pensar más en los otros, ponderar los juicios y tomar las decisiones con la cabeza fría, aunque el estómago nos pida otra cosa. Si actuamos de esta manera los problemas, aun cuando son difíciles de solucionar, tendrán, al menos, un final diferente y, desde luego, mucho mejor.
- Antonio Bascones es presidente de la Real Academia de Doctores de España